Lo siento. Sobre todo porque dañaré vuestro orgullo “dylaniano” y también, por qué no, porque me lloverán críticas.

No entiendo, ni comparto, la profunda admiración de los medios, los músicos y artistas de este país, y sus gentes por Bob Dylan. Me da la sensación que es uno más de esos casos que, como “todos” los sectores cultos de nuestro país, todos los críticos del mundo, todos los que “saben mucho de música” rinden homenaje, apoyan haga lo que haga y se rinden ante cualquier gesto de él, hemos tenido que acabar todos por apreciarlo como gran artista, músico, cantante y todas las virtudes que al “cultural mundo globalizado” le parezca bien añadirle.

Se trata, creo que en buena parte de eso: ¿cómo voy a dudar de la calidad de Bob Dylan y su música si todos los que saben dicen que es el mejor? Y te acercas con mucho respeto (como me ha pasado a mí con muchos músicos, incluido el propio Dylan) a sus canciones. Y muchas no te gustan (¡qué demonios!), pero como reconocerlo sería de “no tener ni puta idea de música, ni de revolución obrera, ni de lo importante que fue en su momento…” lo vuelves a escuchar. Y a fuerza de escucharlo, de enganchar por la red las traducciones de algunas canciones, de que se te haga el oído a su voz, etc. acabas pensando que estabas equivocado, y que realmente valía la pena Bob Dylan. Sí, creo que para disfrutar algunos de los placeres que la vida nos puede ofrecer, hay que educar el paladar antes, de acuerdo; pero –de verdad- algo te gusta o no te gusta. Personalmente, con Led Zeppelín, a la segunda escucha ya lo vi claro. ¡A la segunda! Claro, que ellos crean músicas.

Sí, pienso o creo que Dylan (el cantante, no el escritor inglés de quién tomó el apellido artístico) es uno de los grandes letristas de la música del siglo veinte. Tal vez el mejor, como dicen algunos o muchos, en idioma inglés. Seguramente el más comprometido de su época, ya pasada. Pero antes quisiera aclarar que es muy pretencioso que alguno de nosotros (humanos al fin y al cabo) pretenda conocer toda la música y las letras que se han creado en este planeta; ya sea en inglés, en el siglo XX o cualquier otra clasificación que queramos realizar para su mejor análisis. Así que queda claro que lo mismo, en La India o en una aldea del Perú, lo mismo algún cantante local tiene letras más sociales, guerrilleras, antisistema y de una calidad mayor que Bob Dylan. Pero ése no es el tema.

Lo doloroso es la ceguera. Me explico: estos días y meses (gracias a la Expo del Agua, Zaragoza) con motivo de la gira del genio, nos están bombardeando en todos los medios y de todas las formas posibles, con artículos, reportajes, especiales… que hablan sobre la vida de B.D., sobre sus grandes canciones, sobre el cambio que supuso (a la postre ninguno: siguen las guerras), sobre su carácter, su… lo que sea. ¿Y dónde está la ceguera preguntaréis? Por ejemplo en las opiniones de sus fanáticos. Anoche disfruté o sufrí un reportaje emitido por el Canal Extremadura en el que actores, actrices, músicos, cantantes, poetas, entendidísimos de Bob Dylan elogiaban al genio de Duluth. Bien, me parece apropiado que te enganche su música (aunque no lo entienda), que te encanten sus letras, que te golpeasen en los años que uno más recuerda, que te parezca un mito viviente… Por el contrario, lo que no puedo comprender ni excusar es que se alaben sus defectos. Su voz deja mucho que desear, pues según sus acérrimos defensores “tiene una forma peculiar y personal de cantar”. Lo siento, eso no se llama así, se llama como mucho “voz rota” y, te puede gustar o no (si te acostumbras a ella, como ya expliqué antes…), pero no es una gran voz. O, peor aún, “es que creó una nueva forma de cantar, de entonar…”. Creo que no hace falta comentar nada.

Instrumentalmente se rodea de una gran banda, con muy buenos músicos, pero desgraciadamente su música no necesita tanto, pues las melodías, los arreglos (algo más) y todo lo que envuelve a una letra, no son tan elaboradas, ni tan complicadas. Eso sí, siempre es mejor rodearse de grandes profesionales, por si acaso. Seamos realistas, tanto cuando hacía folk americano, como cuando se pasó al rock, la música que ha acompañado sus tan elogiadas letras, nunca ha sido de quitarse el sombrero. Ya lo sé, tal vez no necesitaban más (¿verdad o excusa?, ¡A saber!). Como instrumentista no es el mejor en nada, pero eso se respeta por lo del término “mejor” (ya explicado) y porque él hace o hacía canciones.

Hablemos de otra cualidad del artista, o que todo artista debería tener y cuidar, a mi entender. El trato a la gente, entiéndase, fanáticos y medios. Los músicos, cantantes, pintores y cualquier otro artista debe saber que si tanto han triunfado es porque han gozado de grandes críticas, han sido pinchados en la radio, entrevistados, amados por sus incondicionales, consumidos sus productos casi sin evaluarlos previamente… Y eso no se puede olvidar. Anoche en el reportaje o documental. Muchos “dylanitas” (como aparecía en los rótulos inferiores) y muchos de los artistas y periodistas, perdonaban o consideraban digna de elogio la actitud de absoluto desprecio que Dylan guarda para sus seguidores y la mayoría de los medios de comunicación. ¡Por favor!, ¿a tanto llega la ceguera? Que un grupo que va a actuar previamente o a continuación del genio, no se pueda ni acercar a saludar a éste cuando ha acabado de ensayar y hacer las probaturas necesarias, me parece un exceso. ¿Que es lo que se lleva? Vale, ¿y? ¿Se debe admirar esa faceta de absoluto desprecio? Más teniendo en cuenta que son colegas de profesión. Me parece… que me callo. De acuerdo, eres un “mito vivo”, ¿por qué? Porque te encumbraron los medios de tu país, la industria, los críticos y el público. Y porque tuviste la suerte de que tu país era y es el más poderoso del mundo. Si hubieses cantado en español, italiano o griego, te iba a decir yo cuántos “fans” tenías y cómo atenderías a éstos y a los medios. Eso en cuanto al “mito”, en cuanto a lo de estar vivo… (Vienen curvas; los acérrimos que vayan dejando de leer). Está vivo porque escapó por los pelos de un accidente de moto -alrededor de 1966- y después no volvió a escribir letras comprometidas socialmente. Unos dirán que porque se casó y después separó de Sara Lowndes, otros dirán que porque se acomodó (el dinero es lo que tiene), otros que… Yo también he escuchado y apuesto por esta otra hipótesis: nunca se supo muy bien cuáles fueron las causas del accidente, ni quedaron claras tras la investigación. Otros compañeros músicos contraculturales, (antisistema, contrarios a las guerras, críticos con la política de los Estados Unidos) fueron desapareciendo. Perdonad el eufemismo, fueron muriendo. Todos víctimas de las drogas según las pruebas forenses. ¿Y Dylan? Sobrevivió, claro. ¿No te has dado cuenta que viene otra vez de gira? Y pagó su precio: su nombre “baladas”. Ahora es el momento en el que decidís colgarme, ¿no? Vale, pero ¿y discutirme? Enviadme ejemplos y me comeré mis palabras. Letras de antes del accidente y la “depresión” y canciones posteriores. Por cierto, y esto ya sí que no lo entiendo: ¿por qué no toca las canciones que todo el mundo espera en estas últimas giras? Blowin’ in the wind, por ejemplo. Tal vez sufra la enfermedad de los cantantes o músicos a los que su mejor época pesa demasiado y quieren reivindicar lo nuevo que crean, aunque –desgraciadamente- esté a años luz de aquellos primeros discos: más frescos, luchadores, contraculturales, revolucionarios. Este defecto lo van adquiriendo todos, así que no es puramente dylaniano.

El problema real de todo esto es que Dylan es, como todos, humano. Por mucho que escuchase ayer frases que lo encumbraban como un genio que hablaba con entes superiores, como un semidios que ha venido a abrirnos los ojos, como un profeta que… Es un hombre. Un hombre que creó algo y le fue bien. Que está dotado para la composición y para la creación de letras. Pero nada más. Todo lo demás lo he tratado de explicar, como buenamente he podido y mordiéndome un poco la lengua, aunque parezca mentira. Y su condición humana queda aún más patente cuando se acerca a una joven. No desaprovecha ocasión de “dejarse caer”. Ahora casos de compatriotas femeninas. Amaral, aunque ella no lo reconoce abiertamente para no faltarle al respeto. Se acercó a ella en cuanto su compañero Juan se apartó lo suficiente. Leonor Watling, Penélope Cruz… Unas lo dirán más a las claras, otras menos. Pero lo normal a su edad, a la edad de Bob Dylan, es ser un “viejo verde” y él lo es. Con la fortuna de tener la trayectoria y el nombre que tiene, con lo que seguro que le irá mejor que a nosotros a su edad. Pero criticarlo del vecino y reírselo a B.D. por ser B.D. me parece de fanáticos, nada más, como los ultraconservadores, los fanáticos del cristianismo o de cualquier otra religión.

La conclusión es que no hay que dejarse llevar tanto por el comedero de cabeza de los medios de comunicación, por todo lo que se da por sentado. Hay que intentar acercarse a la realidad de la manera más objetiva posible e intentando no perder ese punto crítico. Es evidente que cuando nos gusta algo, dejamos de razonar tanto, pues ya nos ha conquistado (imaginaos si llevamos esto al plano sentimental: se entiende a la primera, ¿verdad?), pero hay que ser un poquito más… realista. Bob Dylan hizo grandes canciones, fue un referente musical y social, dejó de serlo. Ahora sigue sacando discos y libros, sigue “girando” (la gira o tour que nunca acaba, creo que se llama), lleva una gran banda… Pero no lo endiosemos. Lleva mcuho sin hacer eso que se le supone: ser un referente de lucha social y cultural; sin editar un trabajo realmente grande; sin ser el joven Dylan, nada más. Ahora es más una figura, con su presencia ganada a base de años, que se aleja de la realidad, de sus seguidores, de la sociedad… de todo, menos de las jóvenes bellas. Al fin y al cabo es un artista al que se le pasó su mejor momento. Me gusta que la gente respete a “los grandes” (si fuese español ya le habríamos cerrado el grifo) y que mantenga el cariño hacia ellos. Pero, hoy por hoy, hay otros cantantes y músicos que apuestan por aires nuevos, por formas nuevas. Y están más en forma, porque se lo tienen que ganar, y luchan más y también saben escribir letras.

Asistí en 2004 al Festival Xacobeo. En el concierto de Bob Dylan estaba sentado a los diez minutos, en los de otros grupos no paré de disfrutar.

Respetemos y elogiemos lo que realmente lo merece, y demos paso a lo que ya lo está mereciendo. Lo siento Dylan, lo siento tribu “dylaniana”, es mi gusto y es mi opinión. Cada uno tendrá la suya.