Europa Oriental, ¿por qué me encanta?

Me encantan los equipos de lo que podríamos llamar el Mediterráneo Oriental. Muchas veces son criticados: por tramposos, sucios en el juego, etc., pero lo que nunca se podrá decir es que se rindan ante nadie, ni que no tienen un sentido patrio y de lucha bien arraigado.

El último ejemplo, no es otro que el de la maravillosa trayectoria de la selección de Turquía en esta última Eurocopa. Ha remontado partidos imposibles, ha luchado lo indecible y ha perdido de una manera –no por esperada- increíble. Acorralando a Alemania en unas semifinales y derrotada fruto de sus propias ganas de salir victoriosa y de las malditas circunstancias: bajas, lesiones, rival más fuerte a priori…

Pero no sólo es Truquía. Ahí tienes a los griegos, que tanto en baloncesto (con más tradición dentro de sus fronteras), como en fútbol, nunca pierden la cara a ningún partido. Siempre compiten. Y, al igual que sus vecinos, si hace falta se sirven de todo tipo de argucias para arrimar la victoria o el trofeo a su lado. Malos modos, peleas, codazos, insultos, lo que sirva para descentrar al contrario. No estoy defendiendo este tipo de trato en un campo, cancha o pista deportiva, pero sí el ansia de ganar, de competir, de sentirse vencedor, aunque ello te lleve a cualquier tipo de comportamiento negativo. Esa conducta es reprobable, las ganas no.

No olvidemos que son pueblos “guerrilleros”. Los griegos defendiéndose por tierra y, sobre todo, por mar de las distintas invasiones. Con ejércitos muchas veces inferiores en número, pero superiores en espíritu y en destreza. Los turcos, por su parte, formando parte o núcleo del Imperio Otomano, controlando toda esa zona tan difícil en cuanto a enfrentamientos y guerras. Son pueblos curtidos, pues hasta hace poco –y entre ellos mismos- han estado en guerras y luchas. Y siguen mirándose de reojo.

Ese espíritu se perdió en nuestro país, más preocupado de montar guerras interiores, entre sus propios hermanos. El ejemplo claro, la Guerra Civil; el también evidente, aunque se trate de solapar políticamente, los continuos desplantes entre Comunidades Autónomas y las guerras soterradas entre estas o entre algunas y el Estado por sacar tajada de una u otra manera.

De eso se trata, de que si hay una diferencia importante entre esos países y el nuestro es que tienen un sentimiento nacional mucho más profundo y arraigado. Que todos arriman el hombro y cantan sus himnos con emoción en la voz y el corazón. Nosotros no sabemos competir contra “extranjeros”, sólo nos hacemos la puñeta a nosotros mismos. Y como excusa decimos que –lo que ocurre- es que somos unos caballeros en la cancha, que no en casa.

Un gran abrazo, aunque muchos no me entendáis.

ISRAel

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