ISMAEL LO. Merece mi devoción aunque sólo hubiese cantado (o llorado, más bien) la canción “Tadjabone” (que no estoy seguro si se escribe así). Pero Ismael Lo es mucho más. Es el acercamiento del sentimiento africano, de sus sonidos, sus melodías a europeos tan aburridos como yo, que sólo sabían estar pendientes del rock y pop de por aquí. Es emoción en cada nota, en cada sílaba de cada canción. Es puro. Es Ismael, y de apellido Lo.

ELEFTHERIA ARVANITAKI. MI primera cantante griega preferida. Me la presentó -sin él querer- Ramón Trecet y dede entonces la escucho cada vez que me acuerdo. Cada vez que me acuerdo de la tristeza de , de la lucha y la fuerza de Dynatá, de melodías cargadas de sentimiento como Meno ektós o de la esperanza y el cariño desmesurado que trasnmite Tis kalinijtas ta filiá. Son sobre todo sus primeros álbumes los que me emocionan. Es una señora y una cantante que busca reinventarse cada poco, con todo lo positivo y lo negativo del caso. Es Libertad (traducción del griego de su nombre: Eleftheria).

GORAN BREGOVIC. El señor rítmico de los balcanes, el señor triste de las guerras yugoslavas, elseñor pacífico que nunca tomó parte por ninguna facción o etnia, pues él mismo es único y pertenece a dos de aquéllas que convivían en Yugoslavia. Es ritmo, es melodía, fuerza, voces, percusión, vientos. Es un hombre con visión de orquesta y, sus conciertos, una fiesta. Aunque alterne canciones más sentidas, lentas y nostálgicas, con unas llenas de vitalidad y energía, es eso: una gran fiesta que deja un profundo poso.

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