Desgraciadamente, ya no me sorprende. Y hay que subrayar ese “desgraciadamente”. Hoy he leído en un periódico regional que hubo un herido de arma blanca el viernes pasado en La Madrila (zona de copas de Cáceres, o lo que queda de ella: ¡gracias políticos locales!). Por lo poco que explica, parece que la herida no es grave (en la mano), pero la situación sí. El viernes de la pasada semana, vimos y contemplamos (sí, sin actuar) cómo un “portero” de un bar de La Madrila se acercaba a un joven de estética punk, que estaba sentado frente a ese local (a unos 20 metros) y, tras dos o tres frases amenazantes que no entendí bien, le soltó dos sopapos que sí que logré escuchar con toda precisión. El “joven punk” había llegado junto a dos amigas y un amigo; no habían hecho ruido ni aspavientos; estaban sentados paralelos unos a otros y tenían cerca una bicicleta en la que había llegado montado uno de ellos. Y le cruzaron la cara sin más ni más. El fornido “seguridad” del local consiguió que se marchasen de allí, por miedo claro. Después siguió su recital de faltas de respeto y golpes: a un enajenado (según nos informaron) y a una pandilla que había entrado en el local, a los que sacó de allí con malos modos y golpeando en la parte posterior de la cabeza a uno de ellos.

Hablando por allí con el portero de otro local nos dijo que capítulos como éste se repetían casi todos los fines de semana. Si no es un “seguridad” contratado por algún local de copas, son los clientes entre sí. Peleas y más peleas, algunas tan injustas como la anterior, se suceden viernes y sábados.

Yo abandoné esta ciudad hace ahora seis años, y no recuerdo que ocurriese esto tan a menudo. No voy a mentir, sí había reyertas, peleas, etc. alguna vez, pero no cada fin de semana. No entiendo qué ocurre, pero no me gusta. Tal vez sea el problema de que prácticamente no hay locales abiertos a partir de las tres o cuatro de la mañana; tal vez sea que andamos todos algo nerviosos; que algunos o bastantes de los porteros de pubs o discotecas no deberían serlo, porque no saben serlo ni quieren aprender (modos y educación); que no aguantamos que la gente sea distinta a nosotros y sólo sabemos resolverlo a golpes; o cualquier otra razón.

La causa es importante, pero aún más importante es tomar medidas. Solucionarlo, y ahí entran en escena los poderes públicos: esos que tanto prohíben y tan poco solucionan. Porque, para los que no conocéis esta ciudad ni su problema de “ocio nocturno”, os diré que en cuanto el horario de los bares se cumple (allá por las tres de la mañana en la mayoría de los casos), tienes a algún policía secreta o no tan secreta, diciéndole a la gente del local que vayan echando a la clientela. Unas noches días dejan unos minutos más y otras madrugadas están muy pesaditos con el tema del horario. Pues bien, esta gente, o estos agentes, no se sabe dónde están cuando sucede alguna pelea o reyerta. Y seguramente esperen a que hayan pasado los fuegos de artificio y todo esté más tranquilo, para llegar “al lugar de los hechos”. Por lo menos así ocurrió en aquella ocasión, porque los amigos a los que sacaron de malos modos y con golpe incluído de aquel local, llamaron finalmente a la policía, y –entonces- se presentaron allí. Desgraciadamente, no quisieron denunciar los hechos, pues estaban aquí de vacaciones y habrían tenido que volver para testificar y demás, supongo. Así que el violento se fue de rositas para casa a descansar los músculos y los demás a descansar los golpes.

Desgraciadamente, no sólo hemos de culpar al violento y a la policía local, hemos de sentirnos culpables todos: los espectadores y quienes sufrieron los golpes. Unos por mantenernos como espectadores. Y otros por “escurrir el bulto” y no intentar acabar con situaciones como estas por no complicarse la vida, como los primeros, los contempladores.

A cerca de el suceso del “portero golpeador”, hay otra crónica en el blog http://ojosdehombresombra.wordpress.com/ (“Animales con ropa”) que tal vez lo explique mejor y con más detalle. Su autor lo pudo ver todo al igual que yo, y lo “denunció” a través de su blog personal hace unos días. También es amigo.

A ver si todos nos ponemos más serios y empezamos a acabar con situaciones como ésta… Pero lo fácil es hablar (como en mi caso) y lo complicado actuar.

ISRAel