Son ya varios los años, puede que lustros, en los que empieza a predominar en el baloncesto la figura del base encestador. Se trata de un personaje que más que ser la manija del equipo, más que ordenar al mismo e indicarle las jugadas ofensivas y distribuir juego para hacer mejor a sus compañeros, se dedica a jugar él como otro compañero cualquiera. Es decir, es básicamente un base-escolta, pues a lo que se dedica es a anotar y, muy de vez en cuando, a dar asistencias: en alguna jugada aislada previamente preparada o cuando intenta penetrar y lo ve tan imposible que pasa la pelota. El problema es que este tipo de base acaba preocupándose mucho más por anotar él mismo que por repartir y ordenar el juego de sus otros cinco compañeros, formándose un ataque cada vez más espeso y desajustado. Son muchos los equipos que ahora tienen uno o incluso dos de estos bases, con lo que su juego se resiente, ya que depende de la inspiración de un solo jugador, que además no suele ser amigo de asumir críticas y que, mientras engorde sus estadísticas personales, no parece preocuparle tanto el rumbo de su equipo. Piensa: la temporada que viene tendré un contrato mejor, por lo demás… Parece una moda llegada, cómo no, del baloncesto estadounidense, donde lo importante es tener buenas estadísticas y vender camisetas; sin embargo, yo pensaba que en Europa “nos dedicábamos” a jugar a baloncesto y a intentar ganar campeonatos.

En la ACB tenemos claros casos y ejemplos de este tipo de base que es más bien un escolta. Lakovic y Sergio Sánchez tal vez sean los más “sangrantes”. Me explico: sus equipos (plantillas mejor o peor construidas) han pasado la mayor parte de la temporada sin rumbo, a expensas de la genialidad o nulidad de estos jugadores. Lakovic, un gran tirador, puede romper un partido a triples, pero espesa tanto el ataque de sus compañeros, que las más de las veces lo que hace es desquiciarlos y, así, cada uno empieza la guerra por su lado. El caso de Sergio Sánchez es aún más doloroso. Buen tirador (no excepcional), buen penetrador y una auténtica máquina de forzar entradas, perder balones, etc. ¿No estaría mejor este jugador de escolta, ya que su condición física se lo permite? ¿No ayudaría más a su equipo desde una posición a la que se adaptaría perfectamente, mientras otro mejor dotado para la dirección asume esa faceta? Pues los entrenadores no lo tienen tan claro. Que asuman ellos también parte de culpa, pues ellos los ponen en la pista como bases, lastrando el rendimiento del equipo. Velimir Perasovic estuvo prescindiendo para el tramo final de la temporada de un base puro (tipo Solozábal, Raúl López, etc aunque no a su altura, claro está). Su nombre: Gonzalo Martínez. Su delito: ¿ser bajito, tal vez?, ¿saber más de baloncesto que su entrenador? No lo sé. El caso es que Perasovic tuvo el acierto (único o de los escasos) de darle unos minutos en el segundo cuarto frente a Vive Menoría (creo recordar), cuando Estudiantes naufragaba por la pista hecho un manojo de nervios e imprecisiones, y abocándose a un descenso casi seguro. El amigo Gonzalo empezó a botar, a marcar jugadas en estático, a ordenar defensas, a apretar los dientes… y se ganó continuar en la pista casi el partido completo (después de unos ocho o nueve partidos sin haber saltado a la cancha). Fue tal la exhibición que dio (triple que jaleó a su equipo e hizo temblar al contrario) que volvió a disputar minutos en el último encuentro. La recompensa para Gonzalo Martínez ha sido que lo han despedido, prescinden de él para la próxima temporada. Nadie lo entiende, a menos que tengan ya avanzado un gran fichaje para la posición de base.

Los bases históricamente han sido el brazo en la pista de sus entrenadores y, además, los desengrasantes de sus equipos. Si les planteaban un cambio de defensa, a improvisar en el primer ataque; si se planteaba una zona que atacar, mucho pase rápido y un alto en la bombilla; si un contrario tiene cuatro faltas, balones sobre el jugador con que está emparejado… Eran un cerebro. Ahora, gracias a algún gran conocedor del deporte de la canasta o a cualquier otra razón, se lleva el base tirador y penetrador, que muchas veces pasa malas rachas de tiro o se come la pelota por intentar una entrada entre tres contrarios que le sacan más de 15 cms, en lugar de haber doblado la pelota antes a la esquina. En esos casos, suele tener uno o dos compañeros solos, esperando para romper esa defensa con un triple.

¿Qué quieren que les diga? Yo no tengo la solución. Pero a lo largo de los años me he dado cuenta de algo: en Badalona hay un equipo llamado Joventut que aún “crea” bases inteligentes y organizadores. Claros ejemplos son: el archifamoso Ricky Rubio, Raúl López y alguno más desconocido, como Josep María Guzmán, que está en Vive Menorca haciendo un gran trabajo (mejor que el de su compañero en puesto Marinovic, otro ejemplo de base tirador y penetrador que no suelta la pelota ni aunque le queme en los dedos).

Yo no propongo que los bases no tiren, pues lo imprescindible es anotar, lo que sugiero es una vuelta a los bases que eran directores de juego y que también, por qué no, saben anotar. ¿O acaso Raúl López; J.M. Calderón, Marcelinho Huertas, etc no saben tirar y penetrar? Claro que sí, pero su primera consigna es hacer jugar a sus compañeros, si no es posible: a tirar de recursos más individuales.

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