Según estadísticas aparecidas en los diarios regionales, hay una terraza para cada 800 habitantes cacereños. Y yo, estrujándome el coco…

¡Qué curioso! Entonces debe de haber como una terraza cada dos o tres bloques de pisos, ¿no? ¿Y qué ocurre en las terrazas para que la gente no hable? Cuando disfruto de una terraza yo sí que charlo con mis amigos; todos hablamos y, me temo que en ocasiones a alto “volumen”. Entonces, ¿por qué no molestamos como cuando hace unos años nos reuníamos de botellón? Tal vez sea una cuestión de número: 4000 de botellón frente a 40 o 50 personas en una terraza (según cuál); pero de lo que no me queda ninguna duda es de que el Ayuntamiento del botellón no sacaba nada, mientras que de las terrazas sí. Si quieres poner una terraza tienes que pagar por ello al Ayuntamiento; si bebías de por libre no. Y, ¿dónde están ahora los vecinos que tanto se tiraban de los pelos entonces por no poder dormir? ¿Y los que se siguen tirando de los mismos los fines de semana en La Madrila? Parece que “el terraceo” no molesta y sí que la gente hable en la calle, cuando –por cierto- podría estar en los pubs o bares si se ampliasen los horarios de estos establecimientos en lugar de reducirlos más y más en cada ocasión. Os recuerdo que las terrazas pueden abrir hasta las dos de la mañana, porque alguien dirá que es un tema de horas.

(Hasta aquí llega un comentario –algo mejorado después- que he “pinchado” en la edición digital del diario HOY).

Entonces se esgrimieron otras razones que añadir a las del ruido: falta de higiene o aseos; los menores bebían; el Patrimonio se estropeaba… Nada que no tuviese una fácil solución. Se abren aseos públicos o se “ayuda o indemniza” a los bares por dejar que utilicen los suyos. La Plaza Mayor de Cáceres cuenta con unas seis o siete entradas, ¿tan difícil es poner una parejita de municipales que controlasen que ningún menor accediese con alcohol? Si arreglamos el tema de los servicios, el Patrimonio no sufre ningún daño o trastorno.

Ha pasado el tiempo y, al igual que entonces, opino que simplemente quisieron acabar con algo propio de la juventud y nada más. Tal vez porque no nos podían cobrar nada; tal vez porque somos ruidosos (como los conciertos, San Jorge o la Semana Santa, no mucho más); tal vez porque está mal que la gente beba tanto (o por lo menos que se vea); tal vez porque los propios pubs de la zona pensaban que sus beneficios se incrementarían al “acabar” con el botellón; para mí, sobre todo, porque no representamos demasiados votos respecto a los de otros colectivos, nada más. Así el gobernante que consiguiese acabar con esa lacra, que no es más que hablar en la calle con una copa, se podía anotar un punto de cara a… lo de siempre: Elecciones, ostentar o mantenerse en el poder.

No comento nada más porque creo que no hace falta. Molestamos cuando algunos se proponen que seamos una molestia, cuando no es así, somos unos chicos excelentes (y chicas, claro).

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