España demostró en este partido gran convicción y fortaleza mental. No se rindió en ningún momento ante un rival tan fuerte, duro y técnico como la selección lituana, y -fruto de ello- y de una defensa cada vez mejor, consiguió llegar a la final que todos esperábamos.

Entre la “magia” de Jasikevicius y los triples del resto, con especial mención a Jasaitis, nos metieron el miedo en el cuerpo. Nuestros jugadores empezaron bien: acertados en ataque y apretando en defensa, sólo rota por el increíble tiro exterior de Lituania. El partido se complicó cuando nosotros dejamos de encestar tan fácil y ellos siguieron al mismo ritmo. Y así fueron pasando los minutos hasta llegar al último cuarto del partido.

Entonces, y a pesar de partir con desventaja, España apretó aún más los dientes, ellos lo notaron y llegó lo que Ramón Trecet llama “el momento en que los niños se diferencian de los hombres”. Así, nuestros jugadores se sintieron fuertes, héroes y siguieron con su martilleo en ataque (varias jugadas de mérito) y su desfonde defensivo. Los lituanos -a pesar de su experiencia y su hombría más que probada- sintieron los nervios en sus muñecas. Los triples ya no entraban por el aro (que se lo digan a Jasaitis) y el balón comenzó a quemar.

Al final se ganó con cierta “solvencia”.

Destacaron casi todos nuestros jugadores. Tal vez los que más fueron Pau Gasol, Rudy (supo dominarse en el último cuarto y conseguir dos canastas importantes), Felipe Reyes (metamorfósis positiva tras el partido frente a EE.UU. de la primera fase) y el incombustible Jiménez, más acertado en ataque y tremendo en defensa y rebotes.

¡SUERTE!

Como siempre en este enlace crónica y estdísticas.