En muchas ocasiones, demasiadas, nuestras buenas intenciones y las ganas de agradar al otro nos llevan a situaciones incómodas o incluso a tener problemas.

De todos es sabido que no sólo la buena intención es suficiente (y que los profetas no servimos para nada también, pero es otro tema). Nuestro corazoncito y nuestra cabeza muchas veces conectan y piensan en hacer el bien a los demás. Muchas veces estacasualidad” (de las más loables del ser humano) se perpetúa en el tiempo, se extiende y realmente hacemos algo positivo para los demás, de manera altruista y desinteresada. Entonces hemos logrado reconciliarnos con el mundo con nuestro entorno y nos sentimos fenomenal. Somos animales sociales y, como muchos estudiosos y psicólogos afirman, nos sentimos felices haciendo felices al resto (aunque se nos suela olvidar ese “placer” compartido).

Sin embargo, en otras muchas ocasiones -me temo que las más- ese impulso a hacer el bien a nuestro entorno personal, se queda en algo menos duradero. Es una chispa que se nos enciende… y se nos escapa una propuesta o un favor por la boca, y lo compartimos con el de enfrente y… la cagamos. Sí, la cagamos, por una sencilla razón: al día o días siguientes, ese impulso se ha esfumado y aquello que propusimos nos pesa como una losa (la de la responsabilidad). Y no nos apetece, ni mucho menos, llevar a cabo “lo prometido“. Y ésta es una de las causas principales de los malos resultados, pues algo desinteresado y bueno para alguien pasa a ser algo que nos incomoda, incluso tratamos de desdecirnos o deinventar” algún problema o alternativa que no nos comprometa. Entonces nos sentimos muy mal, sucios y rastreros, pues pasamos de ser bien intencionado -o incluso buen amigo- a ser un simple escurridordebultos, un creadordeilusiones que después lasaniquila“.

En otras ocasiones, a pesar de que se nos pase el chispazo bienintencionado, seguimos adelante con lo propuesto y no estamos tampoco cómodos. ¿Por qué? Porque, en realidad, fue algo que no pensamos bien antes de compartirlo con los demás. Vamos, que se nos escapó; que era simplemente un pensamiento que traspasó las fronteras hacia lo verbal sin pasar el tiempo necesario en nuestra cabeza, en fase de reflexión. Pero seguimos adelante, lo que parece hablar bien de nosotros y nos enaltece. Por el contrario, los resultados son tan decepcionantes como en el caso anterior. Realizamos lo prometido, sí, pero con desgana, algo que la/s persona/s beneficiada/s son capaces fácilmente de intuir. Con lo que también pasan a sentirse incómodas. Resultado: aquel gran plan que urdimos en pareja, trío, pandilla y que parecía tan fácil de realizar, tan bueno para todos, tan divertido y tan “cojonudo“, pasa a ser algo mucho menos relajado, positivo, etc. Entonces llega el tiempo de reflexión y las dudas. Y también éstas necesitan un tiempo de cocción. No es buenomandar todo a la mierda“, ni sacar conclusiones demasiado pronto. Es mejor dejar pasar un tiempo. Evaluar en qué fallamos cada uno (modestamente, ¡eh!, que todos tendremos parte de responsabilidad en el fracaso) e intentar no cometer los mismos errores: no serbocazas” y pensar todo bien antes de proponer algo; no apuntarse hasta estar todo el plan cerrado; no forzar si percibimos que elpropositor/a” comienza a dudar; etc.

Seguro que os ha ocurrido esto un sinfín de veces y que habéis reflexionado sobre causas y razones de por qué ocurre. Así que ahora espero que queráis compartirlo con el resto y, como ya sabéis, lo podéis hacer dejando aquí un comentario. De esa manera todos aprendemos de los demás y resulta más entretenido e interesante, ¿no?

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