Es un gustazo pasear por las ciudades, leer un periódico, escuchar la radio, conectarse a esta locura… y encontrarse a cada paso con mil opciones de ocio sonoro. La verdad es que nuestras ciudades se van llenando cada vez más de conciertos y eventos musicales, lo que es muy de agradecer. Además, se van diversificando las músicas que se nos ofrecen y eso sí que es muy muy de agradecer. El problema suele ser que se juntan muchas ocasiones para disfrutar de todo este elenco musical. Coinciden fechas e incluso horarios. Pero hay algo más grave: el precio de los conciertos se ha disparado, y no digo que los artistas no lo merezcan, pero…

Vamos a ver… que no hay una entrada de un grupo conocido o semiconocido, admirado o no, que baje de 25 euritos, y ese precio ya no es una broma. Si fuese por mí, a los artistas (musicales o de cualquier otro arte) les daba becas y todo para que se dediquen a crear, pero este precio y este dinero no va sólo para ellos. Ellos ponen su “caché”, el que sea, y quienes les contratan colocan el precio: ahora mismo desvirtuado por lo alto. La solución se está convirtiendo en asitir a “festivales musicales” (algunos son gratuitos) y disfrutar con la música de varios grupos a un precio más moderado. El problema en unos y otros suele ser que con las consumiciones también se les ha ido la mano. No sé si fueron nueve euros la maceta (cachi, litro…) en el concierto de Héroes del SIlencio en Sevilla. Un abuso total. A mí me encanta escuchar música, y mucho más en directo, pero se te descuidas te vacían la hucha en cuanto te animes a ir a dos o tres conciertos al mes (que los hay).

La otra alternativa: dar la oportunida grupos menos conocidos y asistir a los conciertos que celebran en bares o cafés conciertos. Los precios son más moderados y se pueden descubrir “joyitas” musicadas. Aquí en Cáceres se les ha dado mucha “caña” a estos locales, para que se adaptasen a unas exigencias municipales y… pero aún aguantan algunos (como el Berlín) y otros se van sumando, La Bola.

Estoy algo espeso hoy, pero lo que quería decirle a los listillos que pretenden cobrar estos precios exagerados es que no quieran sacara tant tajada de la gallina de los huevos de oro, que después pasa como con el negocio inmobiliario: pisos vacíos, conciertos vacíos. Y ya va sucediendo. Ejemplos: “Juanes”, en Cáceres: 3.000 espectadores. “Amaral”, en Cáceres: 3.000 espectadores. Ahora viene Manolo García, ¡a ver cuántos meten? Al “Campus Rock” de La Laguna cada vez asiste menos gente.

Ya veremos cómo están dentro de unos años los pabellones, plazas de toros, campos de fútbol y demás. Lo mismo se vuelve a los teatros chiquitines, que tampoco estaría mal, pero…

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