Uno se va haciendo mayor. Llevo ya un cierto tiempo dándome cuenta de ello, aunque no quiera reconocerlo y, cuando lo hablo con los amigos lo tiño de “color chiste”. Pero sí, uno se va convirtiendo en “mayor”. Lo advierto sobre todo en que cada derrota, cada aspecto vital en que no acierto, cada error que cometo, no va ya acompañado de un nuevo aprendizaje. No aprendo de mis yerros y eso tiene una razón máxima: “Perro viejo no aprende truco nuevo”. Esto es “envejecer sin sabiduría”.

Todo esto que voy descubriendo cada día y esa certeza de ir envejeciendo, comenzó cuando cumplí 29 años y en tan solo una semana más cumplí treinta. Desde entonces mi cuerpo envejece de dos o dos, se ha olvidado de contar bien. Una persona como yo, que siempre está pensando en que pierde el tiempo, que quiere abarcar demasiado, que intuye que mucho no le dará tiempo de llevarlo a cabo… tiende a agobiarse con el paso del tiempo y con dejar pasar oportunidades que nunca más volverán. Y todos estos pensamientos que me asaltan cada poco y que me duelen –pues me gusta más ser un Perter Pan que cualquier otra opción- han acabado de unirse mientras escuchaba una canción del “Raising Sand” titulada como estas líneas “Let your loss be your lesson”. Uno ya no aprende por culpa de la edad.

Por cierto, eso me recuerda que tengo un artículo en la punta de la lengua (música y pensamientos) que aún no he escrito. Es que las cabezas… Será el siguiente…

Algo más… Estas líneas van dedicadas a mi jefe Andrés, quien opina que debería escribir sobre aspectos más personales y no tanto dar mi opinión sobre política, música, escenarios…

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