Nunca había pordido disfrutar tanto de mi tierra. Por unas u otras razones no se había dado la oportunidad. Cuando era más joven y gozaba de mucho tiempo libre, mi economía era la de un adolescente o un universitario que vive con sus padres: pobre, vamos. Cuando tuve trabajo, no contaba con tanto tiempo, pues vivía en Canarias y cuando volvía era más que nada para disfrutar de la familia y los amigos, o para hacer viajes más largos o visitar a distintas personas.

Todo esto ha cambiado. Ahora vuelvo a vivir en Extremadura, en Cáceres, ya sabéis, y eso me deja más margen para ir conociendo y reconociendo la belleza de sus paisajes y pueblos, y el carácter (casi siemrpe agradable) de sus gentes.

Desde el año pasado, y por ese mismo motivo he tenido la oportunidad de visitar, y volver incluso, a lugares, “cuadros” y pueblos que cada vez me han sorprendido gratamente o me han encantado directamente. La comarca del Jerte sería un ejemplo. No he tenido suerte con la floración primaveral, pero sólo algunso pueblos y miradores ya merecen la pena. Por no hablar de lo que me gustan los puentes y los ríos (aunque me resulten menos originales después de visitar Castilla León). La vera es “una pasada”. Hay paisajes alucinantes; piscinas naturales de ensueño; vegetación por doquier; pueblos de hadas, como Garganta la Olla y otros; etc. O la hasta hace un mes totalmente desconocida para mí (y supongo que para muchos, pues no goza de propaganda ni popularidad) zona de Villuercas e Ibores: pequeños pueblos, algún castillo abandonado y sobre todo vegetación rica y cambiante, agua y vistas de quitarse el sombrero.

Y este lunes, aprovechando que nos han concedido fiesta por el Pilar, he visitado junto a mi amigo Javi la zona de Gata (Siertra de Gata, perdón). Me han encantado los pueblos, con sus casitas de pueblo antiguo y de verdad; la flora (descomunal en unos lugares, más dehesera en otros, pero siempre agradecida de observarse); las iglesias, con sus curiosidades y excentricidades propias; y el Castillo de Trevejo, en mal estado (que ya sabéis que me encanta), pero emanando fábulas y permitiendo otear hasta donde la vista se pierde: alucinantes las vistas, de verdad.

Por no hablar de que siempre que he salido “de pueblos”, siempre he comido bien y tradicional, y bastante o muy barato. Ejemplos: hoy en Hoyos, otras veces en Guadalupe, en cada ocasión que voy a La Vera o en el pueblo de Jerte.

Y cada vez pienso y siento más, que soy una persona con suerte. Que algún amigo tiene razón. O que, como dice mi hermano, nací de pie. Y lo digo por algo simple, sólo he vivido en dos provincias españolas, pertenecientes a dos regiones distintas, pero qué suerte de haberlas disfrutado visualmente, amistosamente y gustosamente (me refiero al paladar o sentido del gusto). En Tenerife y otras islas canarias que he conocido o visitado, he encontrado ciudades y pueblos, paisajes y playas, “desiertos” y montañas, que merecen la pena. Y sí, parezco afortunado, y en muchos aspectos lo soy. No en todos, claro; si no…

Espero que estas líneas sirvan para que algun@s lectores os animéis a visitar y gozar de Extremadura y Canarias. Y también, ya de paso, a reconocer la riqueza de nuestros poblados y paisajes, que bien lo merecen, aunque se les haga de menos por ahí fuera.

Gracias dios… ¡por Maradona! (es broma; por todo lo anterior).

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