Lo siento, pero no he querido colocar ni unas comillas en el título.

Los romanos y su imperio tuvieron a sus esclavos; los españoles tenían bajo el yugo a indígenas en iberoamérica… Todos los imperios han tenido a su esclavitud para poder soportar los peores trabajos y labores y poder vivir cómodamente.

Actualmente nosotros somos los esclavos. Ciudadanos supuestamente libres, con trabajo, casa y coche (algunos, otros no tanto), libertad para viajar (si tienes dinero), etcétera, etcétera. Sin embargo yo creo que no es así, que “nos estamos perdiendo algo”. Nuestra supuesta libertad no es cierta. Me explico. Trabajamos más o menos horas y no nos llega ni para una vivienda. Y, además, somos esclavos de la “Dictadura del Capital”, que es ésa por la cual estamos sujetos a las grandes empresas, que nos esclavizan: nos hacen consumir el combustible y hacerlo al precio que ellas marcan; nos hacen endeudarnos con sus bancos, que cuando quiebran son reflotados por nuestros gobiernos (habrá que ver con qué condiciones, me temo que benévolas); nos hacen consumir sin medida gracias a la publicidad; imponen a los gobiernos condiciones para establecerse en uno u otro país; y puntos suspensivos, que habría para rato.

Y nosotros qué sacamos de todo ello. Más bien poco. La supuesta protección de nuestros ahorros por parte de los bancos. ¡Ah, no, si han tenido que ser los gobiernos quienes “aseguren” nuestros ahorros! El poder trabajar en una gran empresa que nos haga fijos y nos pague bien, aunque no con justicia. ¡Qué va, si en los grandes almacenes y superficies los empelados tienen unos horarios horribles y unos sueldos..! Pues eso, que no sacamos nada (y no me extiendo por no aburrir).

Y ahora resulta que nuestros gobiernos además les prestan nuestro dinero, sí nuestro, para reflotarlos. Asegurar nuestros ahorros es gobernar para nosotros; regalar nuestro dinero no. Y, por si fuera poco, me temo que este préstamo lo acabaremos pagando dos veces, con el dinero que les entreguemos a los banqueros y con los intereses que éstos nos coloquen (más altos, seguro) para pagar aquellos que les exija el Gobierno (si es capaz de cobrarles, pues si están tan mal…).

Y hay más. El barril de gasolina está casi a mitad de precio del último máximo (creo) y, ¿cuántos céntimos, sí céntimos, eh, ha bajado el litro de combustible? Pues eso. Que no, que no me convencen con ningún razonamiento. Cuando sube un poquito el barril, pronto sube el manguerazo en la gasolinera. Por el contrario, cuando baja, los precios se resisten a bajar. Pero, claro, los gobiernos no deben controlar estos hechos (según defienden a capa y espada), pues sería intervencionismo. Y ahora no me río, lloro, ya que coger nuestro presupuesto, nuestro dinero español, nuestros ahorros, para prestárselo a entidades privadas, no se entiende que sea intervencionismo. Obligar a las grandes superficies que venden alimentos a que los compren a los productores a un precio no tan inferior al que después lo venden… sí es intervencionismo. Pregunta: ¿se están riendo de nosotros? Me temo que la respuesta la sabemos todos: SÍ. Y empiezo a estar harto. ¿Por qué nadie se moviliza?

Estos señores, los banqueros, tienen unos sueldos que asustan: ¿por qué no comenzaron a bajárselos cuando empezaron a tener problemas sus empresas? ¿Por qué no empezaron a tomar medidas cuando lo vieron venir, en lugar de esconder el problema y “contaminar” a otros bancos? Y, lo más importante y que resume todo: ¿por qué tenemos que pagar nosotros sus lujos y su mala gestión y meteduras de pata si cuando tienen beneficios no los comparten ni con el pueblo, ni tan siquiera con sus empleados? Pues no son estos señores los defensores a ultranza del neoliberalismo, que no es otra “cosa” que el capitalismo más cruel y egoísta que ha existido jamás. Entonces, ¿por qué tenemos que salvar sus empresas y, con ello, salvarles el culo?

Por cierto, algo que me mosquea más que bastante: a mí un banco o caja me exige ciertas condiciones para hacerme un préstamo, ¿no? ¿Y nuestros políticos piensan prestar nuestro dinero sin garantías de poder recuperarlo? Ya te digo yo que algo huele mal. Nuestros gobernantes están atados de pies y manos con estos señores: banqueros, grandes empresas, grupos de opinión (que pertenecen a los anteriores), petrolíferas…

Alguien dirá que esto se están haciendo para que el sistema siga igual, todo siga igual. Sin embargo, queda claro que el sistema no funciona. Y que alguien se está riendo de nosotros y viviendo a todo tren mientras a nosotros nos machacan con continuas subidas de precios en lo básico. De ahí que considere que somos los nuevos esclavos.

Yo, muy al contrario que los gobiernos de casi todo el mundo, no tengo miedo a que el sistema cambie. Y nadie deberían tenerlo. Nuestros gobiernos aseguran nuestros ahorros personales y, aunque no fuera así, los bancos y entidades financieras deberían responder legalmente de nuestro dinero, como lo hacemos nosotros cuando nos llega mes a mes el pago de un préstamo (con intereses abusivos, por cierto).

Si la actual economía -injusta claramente- se va a pique, afectará más a los poderosos que a los ciudadanos-esclavos, que somos el resto (incluidos nuestros políticos). Y daría paso a una nueva época en la que tal vez los ciudadanos tengamos la oportunidad de no ver tanto los toros desde la barrera, pues habría que reordenar y reorganizar todo y eso nos daría la opción de crear leyes menos condescendientes con los poderosos y más protectoras del pueblo llano. Para todo ello evidentemente, necesitaríamos del apoyo de nuestros políticos y de que tomen conciencia de una vez por todas de que deben gobernar para nosotros y no para beneficiar una y otra vez a las grandes empresas que (en parte por su culpa) manejan el mundo. No he afirmado que sea fácil, sí que es lo justo.

No estoy esperanzado, ni mucho menos, pues no creo en la capacidad para levantarse de los pueblos ni en que a nuestros políticos se les cure la ceguera y miren por nosotros en lugar de “por otros”. Pero sí estoy cabreado, y mucho, y de ahí viene este artículo: de ver que somos los peleles del mundo, y que esos peleles somos la mayoría, y lo somos para que unos pocos tomen el sol desde sus yates y lo pasen en grande a nuestra costa (y ahora -en parte- con nuestro dinero, ése que les va a ser “regalado”).

Lo dejo ya.

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