Seguimos comentando a Paulo Coelho, por segunda ocasión, ya que lo prometido es deuda.

“El muchacho no sabía que era aquello de la Leyenda Personal”.

Es aquello que siempre deseaste hacer. Todas las personas, al comienzo de su juventud, saben cuál es su Leyenda Personal. En ese momento de la vida todo se ve claro, todo es posible, y ellas no tienen miedo de soñar y desear todo aquello que les gustaría hacer en sus vidas. No obstante, a medida que el tiempo va pasando, una extraña fuerza trata de convencerlas de que es imposible realizar la Leyenda Personal.”

Es muy curioso. Yo siempre he afirmado que las personas en algún momento de nuestra infancia, pubertad o adolescencia, tenemos claro qué es lo que queremos hacer con nuestra vida: ¡Qué es aquello que realmente nos hace ilusión llevar a cabo y por lo que renunciaríamos a todo! Sin embargo, es cierto que con el paso del calendario, los seres humanos vamos olvidando qué era aquello que nos llenaba de gozo antaño, que hacía que –con sólo pensar en ello- fuésemos felices. En realidad muchos aún lo recuerdan, o recordamos, pero intentamos silenciarlo a veces. Es una pena, pero…

Además, cuando he hablado con alguien en estos términos, me miran con esos ojitos de “y éste qué me está contando” o “pobrecito, cómo tiene la cabeza”.

El momento álgido, la crisis, ocurre justamente cuando se accede al mundo laboral. Más bien, para ser exactos, cuando se lleva ya un cierto tiempo y nuestras ideas se acomodan y nuestros sueños se quedan pequeños porque los medimos con monedas. Ése es el punto en que todos nos vamos olvidando, nos rendimos. Preferimos ir a lo fácil, a lo acumulativo. Incluso anteponemos ciertos bienes a la amistad o, más bien, a compartir momentos con nuestros amigos. Y, como todos sabemos, a los amigos y amigas hay que cuidarlos, por muy buenos amigos que sean de uno. Pero, me estoy yendo por las ramas.

Si todos, o algunos de nosotros y nosotras, nos mirásemos dentro, nos atreviésemos a reconocer que abandonamos aquello por lo que casi ni luchamos y, además, nos hiciéramos los valientes y afrontásemos el reto… Podríamos mostrar otro camino a los demás. Un camino por encima de las casas, los coches, las cervezas, las hipotecas, la fiesta… pues todo eso sería secundario. Desgraciadamente, llegaría alguno intentando imponer lo de siempre, el: “No eres lo que eres, si no lo que tienes” y trataría de hacer fracasar nuestro sueño, simplemente por que él no se atreve a luchar por su sueño, lo ha dejado en el olvido o no comparte nuestra opinión (pero de eso ya hablamos en el “capítulo” anterior, y hay que tener mucho cuidado con escuchar a quien no se debe, a quien sólo quiere imponernos su modelo vital como único válido).

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