Soy una persona a la que le cuesta mucho aceptar los cambios en algunos de los ámbitos de la vida. Me revientan incluso algunos cambios que se producen en mí mismo aunque entienda perfectamente sus razones, el porqué de los mismos.

Por desgracia, últimamente los cambios me persiguen. Y además son aquéllos con los que más molesto o triste puedo sentirme. Cambios en algunas de las personas conque he coincidido, con otras que siempre han estado ahí, con la forma de enfrentarnos a la vida de unos y otros, o con el conformismo que se va instalando en nosotros sin que nos demos cuenta ni queramos luchar contra él.

Sucede aún peor que todo esto cuando percibes que algunas personas presentes en tu pasado y que no destacaron por ser los más cercanos a ti, ni fuisteis grandes amigos, confirman tus sospechas. Me refiero a personas en las que intuías algo que no te gustaba demasiado. Algo que te hacía desconfiar. Algo que te olía mal. Tal vez fuera su forma de comportarse con algunos amigos o conocidos. Su intento de imponer siempre sus gustos u opiniones. Su intento de liderazgo inmerecido. O su manera de echar mierda a los que creían débiles. El caso es que en estas últimas fechas he tenido la oportunidad de coincidir con algunos de estos personajes que me daban mala espina. Y para mi intranquilidad y mi escasa sorpresa, aunque sí algo más de dolor, se ha confirmado que se cambia para peor. Si ya antes apuntaban actitudes como las comentadas, ahora son más crueles, más aprovechados, más “elitistas” a su modo (que para mí no lo es), más orgullosos de todos sus defectos…

Me da pena y me dan pena. Me da pena que la gente con el pasar de los años se estropee aún más, que no maduren, que no aprendan a convivir con los demás sin querer pisotearlos para parecer que ellos están más arriba. Me da pena, sí. Y me causan pena también porque sé que no son felices, que al final se juntan con gente de su estilo y calaña, que se quedarán solos con sus tonterías, sus malos rollos, su mierda que se les vuelve en contra y muchos negatividades más. No voy a decir que no se merezcan un “destino” feo o cruel, pero sí que me da lástima que pasen por la vida así y que acaben como creo que acabarán.

Por suerte, aunque todo cambia, y aunque uno quede afectado por estos momentos de lucidez en que te sientes decepcionado con algunas personas, siempre quedan algunos amigos con quienes compartir una conversación. Personas que te escuchan, tratan de comprenderte y aconsejarte. Y te demuestran, sin ellos saberlo ni pretenderlo, que hay seres humanos que aunque cambien, nunca lo harán lo suficiente como para que hay que dejarles sin el adjetivo de “humanos”.

¡Un brindis por todos vosotros!

P.D.: Eduardo Punset escribe en un artículo actual: “Lo que viene nos va a desbordar si no asumimos que todo cambia, empezando por nosotros mismos”. Yo sé que todos cambiamos, incluido el que escribe; sólo espero que no lo hagamos para caer tan y que siempre tengamos a alguien a quien queramos apoyar y en quien apoyarnos (¡aunque siga llevando fatal los cambios!).

Anuncios