Expongo ahora unas reflexiones que escribí este verano, durante mis vacaciones, y que quisiera compartir con ustedes, pues creo que pueden servir de reflejo a muchos y de ayuda a otros. Decía así…

“Llevo escasos días de vacaciones, aunque nadie lo diría. Montón de problemas en estos días, en los anteriores y en mi cabeza. Problemas con las vacaciones de verano: unos por billetes de avión, a veces las agencias de viaje te la quieren jugar; por incompatibilidad de calendario, dinero o expectativas con amigos; porque es difícil organizarse u organizar a los demás. Más, problemas con la búsqueda de casa, que parece que se eterniza. Problemas domésticos. Y los de siempre: los problemas que yo mismo me voy creando.

Sin embargo, estoy bastante feliz. Bastante feliz, sí, aunque me cabree con los de la agencia (dimes y diretes telefónicos durante días) o por cualquier otro motivo más habitual: la cotidianidad de la vida. Feliz porque estos días, gracias al tiempo libre que me deja el encontrarme en vacaciones, puedo desarrollar algunas de las facetas que más me gustan, emprender proyectos que me hacen ilusión. Como este blog. Llevo –tal vez- una semana con esta bitácora, con este proyecto, con este “dar mi opinión y compartirla con los demás, para que ellos me enriquezcan con la suya”. Y por eso, soy feliz.

Muchas veces nos empeñamos, yo el primero, en llenar nuestro tiempo de actividades que no nos satisfacen lo más mínimo. En mi caso, por ejemplo, ir al gimnasio, buscar inversiones o dolores de cabeza imposibles, quehaceres cotidianos, ver las noticias… Tiempo tirado, al fin y al cabo, porque ni nos llena lo que hacemos, ni nos gusta. Ahora, estos días, por las circunstancias que sean, estoy teniendo tiempo de hablar con mis padres, de escribir artículos aquí (también otros “proyectos”), de practicar deportes de equipo, de leer noticias culturales (sí… y deportivas, sí), etc. En fin, tiempo de disfrutar. Y eso me llena de gozo, y supero las pequeñas pruebas que la vida me va poniendo con una sonrisa final, aunque no las solucione.

Y este razonamiento, algo que ya sabemos: “se es feliz haciendo cada cual lo que le gusta”, se nos suele olvidar, y nos dejamos envolver por todo lo demás, por el entorno y sus “obligaciones”, que no son tal, si no actividades que nosotros hemos convertido en obligatorias. Creo que tenemos que relajarnos, coger un libro –si nos apetece- o ver una película tranquilamente, o salir a pasear… lo que sea, y dedicar tiempo a lo que nos gusta. Dedicarnos tiempo a nosotros. Y nos irá mejor.”

Y sí, de eso se trata de dejarnos de hacer los adultos, los serios y los mayores, dedicarnos a lo que nos gusta (sin esperar a la jubilación), romper con las rutinas que nos resulten pesadas o incluso odiosas, y volver a disfrutar con lo que de veras disfrutamos: un partido con amigos, unas birras por la tarde, leer un libro que nos gustó o pensamos que nos gustará, compartir un café y unas reflexiones, regar el jardín, pasear por aquella calle que han reformado… cualquier tontería, pero que sea una tontería que nos haga ilusión y nos ayude a desconectar de lo aburrido por habitual.

¡A ver si yo mismo me lo voy aplicando de nuevo!


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