“No es tarea fácil educar jóvenes, adiestrarlos, en cambio, es muy sencillo.” (R. Tagore).

Hay pocas frases tan acertadas en cuanto a la educación de infantes, púberes y adolescentes se refiere. Adiestrar a las nuevas generaciones es fácil. Uno llega, les cuenta lo que les parece o no les cuenta nada, si no que se limita a transmitir conocimientos más o menos veraces (sobre todo cuando se trata de lo científico, curiosamente) y ya está. Sin una implicación moral. O, muy al contrario, transmitiendo una moralidad que demande el sistema o los poderosos.

Actualmente a los jóvenes, como al resto de la sociedad, se le adiestra través de los medios: de la publicidad, las series que ven, los dibujos que les enganchan, las frases pegadizas de la radio o las imágenes apetecibles de revistas y periódicos. Sin embargo, además, ellos reciben otro impacto, el que promulga nuestro sistema educativo con ciertos aspectos que son –como diría- modas o moralidad por modas. Algunos de ellos son lo que se llaman Temas Transversales, entre los que se hayan Educación Vial, Respeto al Medio Ambiente… pero que los libros o materiales suelen tratar con cierta desgana y afán publicitario. Otros aspectos y ejemplos son el bombardeo por lo tecnológico y las nuevas tecnologías que se ha instalado en nuestro sistema educativo. ¿Realmente es tan necesario que los niños y niñas de nuestro país reciban enseñanza a través de ordenadores, tengan aulas de informática, se les asigne un ordenador a cada uno..? ¡Tan difícil es manejarlos? Pues no, ya que yo con dieciocho añitos (suspiro añorante) prácticamente no había tocado una computadora y me costó muy poco entender su manejo. Así que, cualquiera puede “ponerse al día” en lo que a utilización de ordenadores y sus herramientas en muy escaso tiempo.

Para mí todo esto obedece más a cuestiones económicas: crear nuevas necesidades. Si se venden más ordenadores, mejor para sus fabricantes, mejor para los trabajadores que los fabrican, pues tendrán trabajo, mejor para el consejero de educación de turno, que lo publicitará bien en los medios, mejor para tirarnos flores delante de Europa… Pero, ¿realmente es necesario? ¿Es necesario gastar dinero público en subvencionar la compara de un ordenador a las familias con hijos matriculados en Secundaria? ¿Es positivo que los alumnos/as experimenten la necesidad de tener un ordenador “último modelo” en su hogar tan sólo para acabar conectándose a Internet? Para mí la respuesta a todas estas cuestiones es un rotundo “NO”, pero para nuestros responsables políticos es muy distinta. Piensan que van a ganar tres votos más por entregar trescientos euros (que no es una broma) a cada familia que quiera adquirir un nuevo ordenador para que su hijo “estudie”. Piensan que los periódicos les aplaudirán por acercarnos la modernidad tecnológica o, cuanto menos (y eso sí es cierto) aparecerá la fotito con la reseña correspondiente en la noticia obligada. Y sí, es necesario que integremos las nuevas tecnologías en nuestras vidas, pero cuando realmente se necesiten: sistemas de producción más eficientes, casa más eficaces en su gasto de energía, búsqueda de información a través de la red, aprendizajes tutelados por Internet… pero no por modas o para crear necesidades irreales que nuestros jóvenes no requieren ni necesitan.

El tema se me ha ido un poco por “peteneras”, pero es sólo un ejemplo de adoctrinamiento. Peor era el hitleriano, que enfrentaba a unos humanos con otros, o el que se practica en el interior de los partidos políticos, que hacen lo propio. Pero… de veras, cuidado con los contenidos que mostramos a nuestros hijos o hijas, con las ideas que les llegan desde distintos medios (anuncios, televisión, adultos…), con las conversaciones que sostenemos delante de ellos sin que cuenten aún con las entendederas suficientes para comprender de lo que tratamos… pues estamos condicionándoles en sus decisiones posteriores, en el modo de enfrentarse a la vida, en sus opiniones, en vivir para consumir, en que es mejor el que lleva la ropa más chula, el que tiene la moto más grande, o el que se enfrenta por que sí con todo o se ríe de todos los que están su alrededor.

Todo esto os sonará tremendista, pero sólo hay que echarle un vistazo a series de dibujos como “Sin Chan” (perdonad si no se escribe así), personaje que no respeta nada; a series de Disney o de productoras españolas en que prima la apariencia y ser el “guay” de la clase cueste lo que cueste; o anuncios o video juegos en que prima el tener por tener o la violencia por la violencia.

Y cuidado, con aquello que aprendan, se enfrentarán a la sociedad y la vida real. Y si sólo aprenden a aparentar, consumir y pegarse con el de al lado…

Nuestra labor como adultos debe ser la de vigilar su educación y conseguir que sean individuos adaptados a una sociedad, que luchen porque ésta sea cada vez más justa, apoyen a los débiles y respeten al resto de personas, valorándolas más allá de su apariencia. Si nos olvidamos de llevar a cabo esta labor, no podremos quejarnos después de los resultados.

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