La globalización afecta a todo, empobreciéndolo, tiñéndolo de los mismos colores allá por donde se extiende. Y ese tinte ha llegado también a lo más popular: las historias de miedo y monstruos.

En un artículo que os recomiendo leer (pinchad aquí) se habla de cómo se van perdiendo en el olvido los personajes de esas historias que nos contaban cuando éramos niños y, con ellos, las propias historias. El análisis que se hace no es muy amplio, ya que se trata de un artículo de periódico y su extensión es la que es. Sin embargo, desde él se nos abre la puerta al estudio de una “antropóloga” de los monstruos y los miedos, Ana Cristina Herreros, quien en su último libro ha recopilado buena parte de las historias y protagonizas que están cayendo en el olvido y que podrían no llegar a conocer nunca nuestras nuevas generaciones, como ya nos está ocurriendo a nosotros mismos.

Ésta es otra de las consecuencias devastadoras de eso que ha venido a llamarse globalización. Salvo honrosas y afortunadas excepciones, todos los humanos comemos casi los mismos platos; todos vestimos casi igual; todos nos estamos “occidentalizando” en apariencia; todos consumismos las mismas bebidas y queremos tener el mismo coche; incluso a todos se nos olvida lo propio para tomar lo “establecido” por la industria, hasta los miedos. De seguir así, en lo humano, perderá sentido viajar. Encontrarás otros paisajes y otros monumentos, pero todos seremos demasiado iguales.

Desde aquí os animo a que compartáis alguna historia, personaje monstruoso o superstición de vuestras tierras y vuestra infancia. No con ánimo recopilador, si no simplemente para que puedan leerlas otras personas… ¡Que la cultura no ocupa lugar, sólo tiempo!

¡Muchas gracias!

Y cuidado con “el hombre del saco” y “el sacamentecas”. (Esto de ser urbano se nota demasiado para estos temas).

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