Cuando uno se muda de casa puede optar entre mantener parte del mobiliario o comprarlo todo nuevo para tener la sensación real de cambio. Sin embargo, cuando uno se muda de un clima cálido a otro mediterráneo, con los muebles no sé lo que hará (los pocos míos los regalé), pero con la ropa va a tener un problema. Porque en verano no hay problema , de hecho hace más calor en “las tierras medias” que en Canarias, pero cuando llega el otoño… y el invierno… ¡qué frío!

Así que no me va quedando más remedio que comprarme ropa nueva, con lo cariñoso que soy yo con mis vestimentas, ya ves, no puede ser. No puedo ponerme mis pantalones de rayas si la temperatura asoma poco por encima de los cero grados. No pedo salir con mis “marco amat” a tomarme un helado porque se me hielan los pies y porque aquí no te venden helados en invierno (gilipollez que no entiendo). No puedo ir a trabajar en camiseta porque eso supondría caer enfermo durante días y no ir a trabajar mientras me recupero. Perdón, sí que puedo ir a trabajar en camiseta y…, pero no quiero (caer enfermo y…). Vamos que no me queda más remedio que hacer acopio de ropa de invierno. Y la ropa de invierno es más seria y gris. Menos divertida. Resulta más difícil vestir informal en invierno y que los colores que adornan nuestro cuerpo textil son basante más apagados; con lo que me gusta “dar el cante” y que la gente me mire. Claro, que en Tenerife te miraba menos la gente, porque había más diversidad de gentes y vestires, y más informalidad. Si al final voy a parecer un tipo serio, además de serlo en muchos aspectos, aunque la mayoría ni lo sabéis ni lo intuís.

¡Ah, este “post” era sólo para hacer constar que a veces uno tiene que cambiar porque no tiene otra opción. Aunque sólo nos estemos refiriendo a algo tan superficial como la ropa.

¡Hasta pronto, “chicharreros”!

Bueno, ya me he enrollado suficiente… ¡a leer algo más interestante!

Venga os dejo una foto de mis pantalones de rayas (para aquéll@s que os leéis los artículos completos).

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