Después de varios artículos depoirtivos, volvemos a la vida cotidiana.

Es curiosa esa manía, muy propia del carácter español de entrar en una conversación de alguien que está al lado con sus amig@s, por ejemplo en un bar. Una práctica que puede resultar odiosa y plenamente criticable, pero que en ocasiones se torna en muy divertida ver cómo un desconocido -normalmente bastante “colgao”- se me te en lo que estás hablando con su ponto de vista curioso u original.

Hace unas noches nos ocurrió algo de eso en un pub de por aquí (el “maría mandiles”). Donde a una afirmación mía: “ésta es la mejor canción de los rolling”, un desconocido se acercó a nosotros y comenzó a hablar de “los stones”,los beatles y demás historias propias. Por supuesto, dándonos lecciones de música rock, de directos a los que había asitido y demás. Resultaba gracioso por lo “emocionado” que estaba y los gestos que hacía el tipo, con una especie de “ticks”. Evidentemente nosotros nos reíamos bastante por lo que contaba y porque nos parecía “un flipado”. La verdad es que dio mucho juego pues, cuando conseguimos “librarnos “de él, estuvimos comentando lo que “el tipo” nos había contado y cómo lo hacía y nos estuvimos riendo y sonriendo con sus cosillas. Entre todo eso y lo contento y divertido que yo ya había llegado por la victoria con “cachondeo” del Cáceres, nos animamos todos a hacer el payaso en el pub, cantar desafinando a tope (barricada y otros) y a bailar como descosidos y desacompasados faltos de ritmo. Algo, eso de bailar a lo loco, que empieza a hacerse habitual en el “maría mandiles” gracias a los temazos que pinchan, como “Iwant to break free”, pero lo de esa canción será otra historia que relataremos aquí.

El caso es que de algo que pudiera considerarse odioso o, cuanto menos inoportuno, se convierte en algo divertido y curioso si se tiene suerte y tienes el día o la noche en que nada te molesta demasiado y todo da pie a risas. Porque en otros casos sí que suele ser molesto. Os contaría muchas anécdotas que servirían de ejemplo, pero esto se alargaría mucho. Ya véis, todo depende de si “el acoplado” resulta entretenido y de cómo nos enfrentemos los demás a él. Y que conste que yo suelo ser de esos que se pone a hablar con cualquiera y se mete en conversaciones y… ¡uno que está lleno de defectos, ya ves!

Anuncios