¡A mí que me lo cuenten, me lo expliquen y me lo vuelvan a contar y a explicar!

Después de probar los límites de mi cuerpo referidos al cansancio, la nocturnidad y la ingesta de alcohol, morcilla y patatera y de ver que -tras acumulación- de un día crítico para otro parecía totalmente restablecido (parecía, aclaro), ahora ilumina mi vida diaria una nueva sorpresa:

Mis piernas están locas, especialmente, o yo empiezo a ser más raro de lo que me creía.

Me explico: llego desde el jueves pasado con dolor bastante intenso y casi continuo de isquiotibiales (zona posterior del fémur). Dicho dolor, además de no remitir y de unirse al de los tendones de la rodilla de la misma pierna (que me dan la lata desde que he vuelto a jugar a fútbol-sala), se me reprodujo en el gemelo de la misma pierna (si no es de “polstergeist”; ¿se escribe así?).

Hasta aquí todo más o menos normal y casi habitual, pero… Así andábamos -con un dolor que me jod… bien- y me surgió la posibilidad de subir a esquiar a Béjar (Salamanca). Tenía muchas ganas de repetir después de una primera experiencia que me encantó. Y, a pesar de cierto miedo, y sabiendo que me podía retirar de mi pugna con la nieve al poco de empezar, acepté  la propuesta de Jaime y Borja. “Parriba se ha dicho”, pensé, y “parriba” que he ido.

Y, curiosamente, de manera casi mágica. Mi pierna derecha no es que no haya dado la lata, es que ni siquiera se ha quejado su parte trasera en todo el día de esquí que me he pegado. De lo más extraño y positivo. Uno que pensaba que vendría con una rotura de fibras más ancha que el Ebro y aquí estoy, escribiendo tan tranqui.

Ahora la pregunta que surge es la siguiente: ¿Será que mi cuerpo ahora acumula los nervios en mi pierna derecha en lugar de, como sucedía cotidianamente, en la zona cervical y el estómago?

Si alguien está acreditado para dar su opinión (o no) y quiere dejar una respuesta… ¿a qué espera?

¡Gracias!

¡Viva la nieve!

Anuncios