Está  punto de llegar ya la Primavera y los dinosaurios, muchos de ellos después de una larga hibernación, se aproximan a nuestros escenarios.

Unos de los primeros en hacerlo han sido los Judas Priest (acompañados por Testament y Megadeth), detntro de no demasiado serán otros incombustibles, los AC/DC. Y después vendrán muchos más, allá por verano. Incluso suena en Cáceres el nombre de  Bruce Springteen, ¡imaginaos cómo está esto de los dinosaurios..!

Y como uno no aprende y tiende a tropezar y golpearse dos veces con la misma piedra, vamos a analizar la trascendencia y los argumentos musicales de propuestas de este tipo.

Actualmente la música es inabarcable. Es imposible escuchar todo lo que se publica y mucho menos tener tiempo de disfrutarlo. Muchos artistas y músicos emprenden nuevos caminos o recuperan otros ya explorados con una visión nueva o, al menos, muy personal que dota lo revisado de una nueva naturaleza. Pero, muy al contrario, los promotores, las discográficas, los  productores y el público se empeñan en jugar al sota, caballo y rey.

La mayoría de los artistas llamados consagrados que invadirán nuestras tierras en los próximos meses, a buen seguro llevan sin aportar algo nuevo o incluso nada a la música ya bastante tiempo. Sus mejores discos, sus trabajos sobresalientes ya fueron publicados hace mucho. Además, algunos de ellos viven endiosados y no toman contacto con la realidad. Existen casos peores, aquel grupo que se reúne de nuevo sólo por sacar tajada sin sentirse grupo, estar unidos ni tener nada nuevo que contar. Algo que se ha convertido en una moda que todos alimentamos, pues bien “compramos el disco” o asistimos al directo. Y ése es el punto en que entra la polémica.

¿Hasta qué punto somos nosotros, el público, culpables de alimentar propuestas pasadas, vacías y obsoletas? Bajo mi punto de vista, muy culpables, porque la industria o los  promotores de conciertos te pueden ofrecer lo que les interese a ellos, pero uno individualmente tiene la capacidad e elegir, digo yo, y no tiene porqué dejarse arrastar.

La tendencia actual es ver a todos los grupos grandes, aunque -como dije- no aporten mucho. Se ha convertido en una especie de moda eso de, “pues yo estuve en el concierto de Morrisey, the Cure, los Rolling Stones” o quien sea que resulte fácilmente indentificable. Sé que hay fanáticos de los conocidos como grandes (y menos grandes), pero también sé que mucha gente acude a sus conciertos (por delante de sus auténticos seguidores incluso) sólo por decir que ha estado, por tener algo que contar o de lo que hablar en un bar. Me parece un poquito absurda esta postura. Si no te gusta lo suficiente, no vayas. Si te gusta la música, ve, seguro que lo disfrutas.

La otra vertiente del problema es que hay grupos “emergentes”, como lo eran Franz Ferdinand, Muse, Vetusta Morla, por citar algunos, que no han conseguido llamar la atención del gran público y a los que ahora se adora. Grupos que sí que intentan crear algo más original y que, finalmente, han conseguido “aparecer”. Pero como ellos hay muchos otros a los que ni nos acercamos porque no suenan lo suficiente en la radio o porque preferimos ir al concierto del gran dinosaurio para parecer más “cool” cuando se lo cuentes a alguien.

Creo que nos equivocamos alimentando lo que ya está empachado, en lugar de apostar por lo fresco que está empezando y lo hace con su mayor intensidad, ganas, apuesta, etcétera. No quiero decir con ello que todo lo nuevo sea mejor que lo anterior, ni que los nuevos grupos se tiren al barro. Siguen, cómo no, las propuestas de siemrpe que buscan el público fácil; mejor no poner ejemplos. Pero yo reclamo atención por lo que ahora está en alza y en su mejor momento sobre lo que ya está “pasado de fecha”. Y lo digo yo, que he asistido a conciertos de Lou Reed (“contra mi voluntad”), de Iron Maiden, Barricada, Deep Purple, Héroes del Silencio (tras su reunión), Blur… y me quedé con ganas de saltar y hacer el bruto con los Judas Priest en Madrid. Son grupos que me gustan, algunos de ellos incluso aún los siento intensamente, pero sé que los que están ahora proponiendo algo “nuevo” son otros y, creo, nunca asistí a sus conciertos por decir “yo estuve allí” (espero).

Así que, id a los conciertos que os apetezca, por supuesto, pero intentad pensar antes si realmente vais por ir o si relamente merecen tanto la pena (que no están los precios de las entradas para gastar por gastar).

¡Viva la música!

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