Unos nos han querido convencer de que “el amor mueve el mundo”; otros de que es el dinero o el poder, con su ansia infinita de sí mismo; incluso las religiones o el sexo (tan cercano… o no). Sin embargo yo cada día estoy más convencido que lo que realmente nos gobierna y nos mueve es el miedo. Y aquí explicaré por qué afirmo esto.

Explicadme qué otra explicación hay a hechos como éstos:

  • Se declara una guerra tan lejana como la de Irak y bastantes de las personas mayores  que viven en nuestro país, comienzan a hacer acopio de alimentos y otros bienes que consideran indispensables (aceite, leche, etcétera). El miedo de que vuelvan los recuerdos de posguerras a volverse realidad les empujó a ello.
  • Uno o dos bancos mundiales se desploman y mucha gente, por todos lados, empieza a sacar sus ahorros o una parte de ellos por miedo a que su caja o banco también entre en quiebra, sin tener en cuenta que gozan de ciertas garantías para recuperar su dinero. En España esto ha sucedido con los clientes de ING, algunos de los cuales retiraban sus ahorros de la entidad aun cuando el gobierno aseguró hasta sesenta mil euros. ¿Precavidos o miedosos?

Estos dos ejemplos tratarían del miedo en su variante más social, y serían objeto de estudio de la Psicología Social, por tanto, pero analicemos conductas más personales e individuales…

¿Qué me decís de esas llamadas, repetidas, a la pareja cuando -por ejemplo- ésta sale a cenar con amigas o amigos, se va de vacaciones con otras personas, se va de cañas con los compañer@s de trabajo? ¿Son sólo una muestra de cariño? Detrás de esa atención no se esconde cierto miedo a que la otra persona se olvide de uno, quiera estar máss tiempo con otra gente, encuentre a alguien mejor o que le interese más, etcétera. Todos estos pensamientos son reflejos del miedo, de un miedo bastante irracional en la mayoría de los casos además.

¿Y el miedo que se apodera de los padres (y madres) cuando sus hij@s están de marcha por la noche, se van de vacaciones, conducen varias horas o realizan cualquier otra acción que sea susceptible de un mínimo riesgo? Las llamadas, mensajes, más llamadas, vueltas en la cama, insomnio, ¿no son por miedo?

Más allá y más duro: ¿no siguen algunas parejas unidas sólo por el miedo de no verse solas? Este hecho ahora parece incomprensible, pues ambas  partes se encuentran en el mercado laboral (hablo de mi generación) y son independientes económicamente,  pero…

Y se mantienen como pareja, aun yéndoles mal, por miedo a que no haya nada más. Aguantando relaciones que no van a ningún sitio que no sea la propia desaparición o el dolor y el daño revertido en ambos componentes. Ello condiciona que sigan juntos, es decir, actos diarios, hábitos… que por cualquier otra razón no se llevarían a cabo (poder, sexo, dinero).

Ahora aparece un miedo, el ejemplo de un miedo, que casi tod@s habremos vivido y sentido angustiosamente, aunque ya no lo recordemos. El miedo a perder a nuesta mamá, nuestra referencia afectiva, a que nos abandone el primer día (o semana o mes) que asistimos al colegio. Ya te pueden decir, afirmar, jurar que tu mamá volverá, que no te sueltas de su pierna, que lloras y lloras,  incluso berreas si hace falta. Te pasas el día triste y cabizbajo, casi ni miras a tus nuevos compañer@s y pronto amig@s. Y tu madre vuelve y te vuelves loc@ de alegría. Pero tu desconfianza puede seguir viva al día siguiente y volver a “montar el número”. Bien, pues todas esas conductas están condicionadas y patrocinadas por el miedo, en este caso a perder a alguien o al abandono por parte de esa persona. Y cuando somos niños, poco sabemos de sexo, dinero, ni poder (bueno de esto algo más, que para eso somos el centro de atención).

Queda claro que todos estos comportamientos se derivan del miedo, aunque también otros menos importantes, más infantiles y anecdóticos. El miedo a la oscuridad, que nos hace taparnos bajo las sábanas; al monstruo imaginario o que recordamos de una película, que acaba con la misma conducta protectora; el miedo a caernos o hacernos daño que nos hace no saltar de una altura que en realidad (y sin saberlo) dominamos; y miles de miedos más que condicionan nuestros actos, nuestras conductas y nuestras relaciones con las personas y el medio que tenemos alrededor de nosotros mismos, de nuestras vidas.

Cada uno puede seguir pensando lo que quiera, pero para mí, el miedo mueve mucho más el mundo, y nuestros actos, que cualquier otra “fuerza”. O, ¿para qué necesita la gente dinero si no para sentir la seguridad de que siempre vivirá con un cierto bienestar y así aplacar el miedo a lo contrario?

De todos modos, todo esto es normal, ya que tanto el miedo como el asco y la repugancia son “sustancias” universales que nos acompañan para protegernos del peligro y la muerte. Pero hay niveles, ¿no?

Y lo que son las coincidencias… Llevo más de tres semanas pensando en acabar y dar salida a este “post” y me encuentro hace pocos días un artículo directamente relacionado con el mismo, así que no me ha quedado más remedio que enlazároslo. Se va un poco por las ramas, pero… es interesante (al principio).

Un abrazo a tod@s.

Intentemos todos dominar algo más nuestros miedos, que mejor nos irá.

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