Uno ya anda harto de escuchar la palabra crisis a cada segundo, en cada conversación cotidiana y en cada noticia que aparece en los medios informativos (desinformativos sería más correcto decir). Sin embargo, hay algo que me queda como lectura clara desde que se atisbó el inicio de este periodo de decadencia económica, y es la oportunidad perdida que ha resultado ser para nuestros políticos.

Cuando hablo de oportunidad perdida lo hago desde la óptica de oportunidad de ayudar a los ciudadanos y colocarse a su lado, en lugar de al lado de los bancos y las grandes empresas, como han elegido nuestros goberntantes.

En nuestro país (como en otros: mal de muchos…) se ha reflotado a la banca, se les ha insuflado dinero público para que pudieran sanearse y poder seguir concediendo créditos. Créditos que al final no están llegando a particulares ni a empresas, especialmente a las PYMES (pequeñas y medianas empresas, ya sabéis).

En nuestro país antes y ahora, y después así se seguirá, se le facilita a las grandes empresas su implantación en nuestro suelo, muy por encima de a las “pymes” de nuestros ciudadanos. Así, se les “regala” el suelo industrial y se le conceden todo tipo de facilidades; las mismas de las que no gozan los pequeños empresarios ni los autónomos nacionales. Éstos, en cambio, si quieren construirse una nave en suelo industrial, primero tienen que comprar ese suelo, nadie se lo cede con la promesa de crear muchos puestos de trabajo. Éstos no reciben grandes subvenciones por crear “innumerables” puestos de trabajo, pues no tienen capacidad para ello. Pero, muy al contrario que una gran multinacional o una superempresa, estos pequeños propietarios de negocios (pymes y autónomos) no pueden cerrar sus negocios y trasladarse a otro país donde les salga más rentable. Ni pueden cerrar sus negocios porque necesitan que éstos funcionen para poder seguir sobreviviendo en el día a día (pagos, familia, comida…), algo que un directivo o un accionista de una gran empresa casi nunca sufrirá. Así que el pequeño propietario de negocios debe seguir con buena parte de su plantilla, normalmente, para seguir adelante, y es más complicado que presente un E.R.E. (expediente de regulacion de empleo: todos a la calle, vamos). Y si tiene que ahogarse y dejar de ganar algo de dinero para que su empresa sea competitiva y pueda seguir produciendo, así lo hará. Muy al contrario también de lo que han demostrado los grandes gerentes de bancos y empresas.

Y algo más flagrante y espectacular que no nos debe pasar desapercibido: si un pequeño empresario, un mediano empresario o un autónomo tiene que cerrar su negocio, sólo él (y sus empleados y familias) se ve afectado y sólo él (que viene el temblor de tierra) es el responsable de ello y así se lo hacen entender los gobiernos y gobernantes. Sin embargo, si un banco, caja o gran empresa -por mala o muy mala gestión consecuencia de querer enriquecerse cada vez más rápido- tiene que cerrar o pasa por apuros, nos hacen responsables a todos -no a sus gerentes ni directivos- y entre todos, con el dinero público que sale de nuestros impuestos, reflotamos esas empresas que son (no lo olvidemos) privadas y que, además, se han enriquecido a nuestra costa.

Como de todos es sabido, en el caso de bancos y cajas, el que entre todos hayamos saneado en parte sus arcas, no ha servido para que ni siquiera pongan en marcha los créditos que se comprometieron a entregar a través de la línea ICO que para tal efecto ha creado (o dice haber creado) el gobierno de nuestro país.

Después de toda esta disertación, creo que es evidente que en nuestras tierras se prima a las grandes empresas muy  por encima que a las pequeñas y autónomos. Que, claro está, a esas empresas no les escuece casi tener que cerrar, pues sólo supone tener algunos beneficios menos, y quienes van a sufrir esa bajada de beneficios son sobre todo sus trabajadores, que van a la calle. Que no se vigila el dinero que se entrega a las entidades financieras para que cumplan lo que nos ha dicho o hecho creer que han prometido. Que siempre luchará más un pequeño empresario porque su barco no se hunda, y con ello tampoco sus trabajadores, que una multinacional. Y un montón de detalles más…

Pero lo que por encima de todo os debe quedar claro es que nuestros gobernantes ejercen como tales sobre todo en claro beneficio de la banca y las grandes empresas, y nunca o casi nunca (que para eso está la limosna de subir las pensiones o…) en favor de sus pobladores y habitantes de su país.

Aún no entiendo como nadie puede seguir creyendo en los políticos (excepto los banqueros) o pensando que tratan de hacer un bien a la sociedad. Lo mismo alguno lo intenta, pero al final impera lo de siempre.

Tantos trabajos perdidos son dos mil en una sola empresa como dos mil repartidos en cuarenta pequeñas y medianas empresas. Estaría bien, por tanto, que se protegiese a estas segundas, ya que el empleo que crean es más duradero y fértil y que sus dueños declaran sus ganancias en nuestro país.

Ya sabemos todos al lado de quiénes están nuestros políticos, ni se han molestado en disimular.

¡Saludos a tod@s y… a cañear, que en este país todo el cabreo se nos pasa en un bar o terracita! (Y que conste que me incluyo).

Anuncios