Con motivo del viaje del conocido como “Trío Kalambaka” a Grecia, pudimos contemplar atónitos el ejemplo de algo que me hizo pensar y que creo que puede ser bastante habitual. Mantened los ojos atentos…

Uno de nosotros es intolerante a la lactosa y, aunque no suele darle problemas su consumo, cuando lo convierte en habitual su estómago “lo nota”. Esta misma persona estuvo la mayor parte del tiempo en tierras helenas desayunando yogur, comiendo queso (en muy diversas formas) y tomando café con leche.  Todo esto era casi diario, algún día podría faltar el yogur, otro el café, pero siempre al menos consumía dos de los productos relacionados y en cantidades suficientes para que le dieran problemas. Pero  muy la contrario, no tuvo en todo ese tiempo ninguna molestia. Y yo me pregunté: ¿no serán los aditivos y añadidos a los lácteos lo que le produce a mi amigo la conocida intolerancia? Y esta duda surgía porque era evidnete que allí los productos nos parecían bastante más naturales. Los yogures parecían artesanales y elsaborados en el día u horas antes y los quesos “sabían a pueblo” y también parecían prestentar pocos añadidos. Evidentemente no creo que ese fuera el caso de la leche, pero mi conclusión empieza a parecer clara. ¿Alergias a los productos o a los componentes añadidos para su consumo?

La verdad es que con esa sospecha nos quedamos. Y, si fuera así, ¿no será esto lo que ocurre con la mayoría de las alergias? ¿Tenemos alergias a los productos naturales o a aquello que se les añade para precisamente preservar nuestra salud?

Desde aquí rogaría que si alguien puede aportar algo de luz al tema y aclrarnos algo que se relacione con las alergias a los alimentos, o que desmonte por completo esta suposición, lo haga gusutosamente, pues me y nos acalarará esta sospecha.

Gracias y abrazos.

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