El espñíritu sigue intacto. La lucha y el pundonor son las señas de identidad del equipo, que más allá de las lesiones, los problemas físicos y otras adversidades, pelea cada balón y muere en cada partido, para resucitar en el siguiente.

Valladolid se llevó la victoria en Cáceres frente a un equipo, cómo no, peleón hasta la extenuación. Los vallisoletanos dieron la impresión de equipo muy trabajdo y  muy serio, que no regalaba y que en todo momento sabía qué hacer, incluso sin abusar de los triples. El equipo que hasta ahora más me ha gustado en el multiusos. Los árbitros… No entiendo por qué todos los equipos que nos están visitando últimamente tienen que llevarse alguna ayuda gratuita.

El primer cuarto empezó con rápidas canastas e intercambio de golpes, favorable en principio para el Cáceres, merced a su lucha sus contrataques y su acierto inicial en loso triples. Pero los locales se pararon en el punto catorce, dando paso a su primera pájara anotadora. Ellos siguieron anotando, aunque con menor rapidez que al principio, lo que les bastó para coger ventaja: 15-21 al final.

En el segundo cuarto nuestro equipo siguió luchando con su intensidad habitual o, si cabe, mayor y acercó algo más el marcador. Guaita tomaba el relevo a Angulo en anotación y otros jugadores aportaban canastas también, como Cage o Sanguino. Los visitantes seguían con su ritmo habitual de posesiones largas bien jugadas. Y los árbitros comenzaron a hacer de las suyas: antideportiva dudosa y otras decisiones menores contra el Cáceres . Al descanso: 37 a 41 para los amrillos.

Tras el descanso un inicio con excesivas prisas de los cacereños allanó el camino a los vallisoletanos, más centrados y con menos prisas en ataque. Ambos equipos se mostraron algo romos ofensivametne, pero lo snuestros se llevaron la palma: sólo ocho puntos en el tercer cuarto, y gracias a una canasta sobre la bocina de Sanguino. Para olvidar, pero el partido aún sin decidir: 45-57 a falta de los diez minutos definitivos.

El último tiempo lo ganó Cáceres. Valladolid gestionó su ventaja y se aprovechó de algunos momentos de dudas en los locales y de algunos fallos en canstas fáciles o, de nuevo, por prisas. Este cuarto sirvió para darle emoción al partido, ya que nuestros jugadores llegaron a colocarse sólo tres abajo, pero ellos seguían cerntrados y jugando a lo suyo: control y paciencia. La labor arbitral algo pasota en este último envite, en que parecía que habían cerrado los ojos en los primeros minutos. Cáceres había jugado pensando en lanzar de tres la mayor parte del tiempo y el cuadro visitante lo esperaba. Nos leyeron bien las intenciones y no fue suficiente todo el arrojo de los verdinergros: 63 a 70 y Valladolid que se acerca muy mucho al ascenso directo. Merecido.

En cuanto a la valoración decir que del equipo de Valladolid me gustaron todos, por su saber hacer y algunos jugadores individualmente también. Evidente el destacar a Battle: un monstruo en la pintura. Pero Van Lacke, Herández, Dumas y “el grancanrio” Baldo también causaron buena sensación. En los locales, los nuestros, valoro muy positivamente la recuperación de Cage: ya anota y se atreve en casa. La confirmación de Sanguino como jugador válido y valioso cuando se le necesita. Guaita, con su extraña forma de jugar, fue el baluarte ofensivo en muchos momentos. Y de Angulo Espinosa me temo que no hace falta añadir más en este “blog”, simplemente que suma mucho en muy diversos aspectos. Es nuestro faro. Otros jugadores esta noche estuvieron menos afinados, pero el respeto y la admiración hacia ellos se respira en estas líneas.

En cuanto al juego colectivo del conjunto cacereño, sí que habría que intentar corregir algunos fallos que hacen que el equipo se atasque en sus posesiones. En ocasiones es bastante evidente la opción de juego que han elegido para el ataque. Digamos que “se canta” y habría que intentar disimularla un poco, con movimientos que sirvan de despiste previos a lo que se está buscando. Anoche, de nuevo, era evidente que se jugaron varias posesiones pensando en el triple. Incluso Bellas tuvo lanzamientos en penetración factibles y que suele realizar y, al contrario, buscaba a alguien en el perímetro. Esto dio lugar a algunas pérdidas de balón y a espesar el ataque. Además, el equipo debe jugar más interior en el último cuarto o últimos minutos (parece que se olvida de esta faceta). Con marcadores aspretados ha parecido que a los cacereños les ha dado miedo jugar balones interiores en los últimos partidos como locales. Curiosamente, en ambos partidos, la aportación dentro de la zona había sido buena e importante, capturando además bastantes rebotes ofensivos tras fallo del compañero cuando éste lanzaba desde cerca del aro. Hay que meter más balones dentro y esperar a que Guaita u otro jugador encerste desde allí. De esta manera se generarían también espacios para que los lanzadores exteriores tengan sus opciones. Sería algo así como un “dos por uno”, lo de los dos pájaros y… Y ayer, tal vez pudimos aprovechar en algún cuarto el “bonus” (faltas de tiro) contra el equipo contrario y haber sido algo más intensos en ataque en lugar de buscar lanzamientos exteriores. Como veis, casi todos estos pequeños errores se derivan del ansia de anotar de tres que nos suele invadir. Por cierto, Valladolid (apoyado en su grtan juego interior) sí que se pasó el partido jugando a anotar de dos. Tal vez demasiado, pero eso genera tiros exteriores, que después supieron aprovehcar. Como ya he dicho, un gran equipo el visitante de esta noche.

¡Gracias, muchachos! En esta ciudad estamos disfrutando de un gran baloncesto y de vuestra entrega total.

¡Suerte Cáceres! ¡Y que viva el baloncesto!

Ah, las estadísticas…

Y algunas crónicas, las de los partidos del viernes.

Hasta otra…

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