Este “post” no es más que el eco de una conversación que ya hemos tenido los amigos alguna vez en alguna cafetería (mentira, en un bar, claro). En ella parecíamos todos muy de acuerdo con lo que a continuación voy a expresar. A ver cómo lo véis, analizáis y sentís el resto…

Se trata de lo que ya aclara el título de este artículo: ¡Cuánto daño hacen los “cuentitos” que se nos narran en historias, novelas y películas! Vista la vida como la presentan en estos espacios, uno no puede más que sentirse desgraciado. Nosotros y nosotras -según afirman todas estas historias edulcoradas- deberíamos estar emparejados con alguien que jamás nos fallase, nos resultase atractivo/a, nos hiciese felices continuamente (la psicología afirma que eso es imposible y contraproducente: incapacidad de aprendizaje), tuviese continuos detalles con nostor@s, nos entendioese sólo con mirarle, etcétera.

Evidentemente la realidad es “muy otra”. Si nos centramos en el tema de las parejas, podemos afirmar casi categóricamente que tienen fecha de caducidad, aunque duren más que un yogur. Acutalmente en las sociedades avanzadas, un amor eterno se antoja poco menos que imposible. Demasiada presión social tal vez. Y no estoy hablando de que sea un amor perfecto ni nada de eso. Esa idea nos la meten con el tema de que nos corten los finales de las historias: en las películas y novelas sólo se nos suele hablar de los primeros momentos del amor o de cuando éste llega a buen puerrto tras salvar miles de “pruebas”. Que algun@ de nuestros héroes del amor trate de educar a un hijo/a adolescente, trabajar, realizar las tareas de casa, estar estupend@, atender a su pareja, pagar las facturas y reírse con los amigos tomando unas cañas (o caramcancolas), ya veremos dónde queda toda esa felicidad que nos venden. Seguramente debajo de las miles de obligaciones a las que nos sometemos, muchas de las cuales en realidad no satisfacen ninguna necesidad ni medio básica (pero ese tema ya fue tratado un poquito aquí).

Así que, entonces ¿qué hacemos? ¿Seguimos contando cuentos de hadas a las nuevas generaciones o no? ¿Le ponemos “Algo pasa con Mary” o “Pretty woman”? (Prefiero la primera). ¿O pasamos de todas estas “payasadas” y les hablamos de la vida tal cual aunque en principio a su edad no deban saber “ciertas cosas”?

La verdad es que es una cuestión difícil. A ver si vuestras opiniones ayudan. Lo que sí es evidente es que resutla casi imposible escapar de las garras del imperio Disney, tan “blandito”. Presión social sí, que los críos la sben ejercer muy bien. Por cierto, y aunque no venga muy a cuento: en Disney se identifica la belleza con la bondad (casi cualqueir película vale de ejemplo). ¿No tendrán éstos un montón de clínicas para estirarnos la cara o dejarnos chula la nariz? ¡Todo es posible amig@s, todo es posible!

¡Venga, a opinar, que es gratis! Y este tema interesa a todo el mundo, ¡no?

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