Parecía que no llegaría el día en que pudiera afirmarlo, pero “la crisis me afecta ya”.

Por suerte no de la peor manera: despido, dificultad para encontrar trabajo y pagar préstamos, etcétera; sino de una manera menos real. Me afecta como a muchos otros que no han perdido su empleo ni están en la cuerda floja. Me afecta en mi carácter, en mis pensamientos (negativos) y en mi creciente tristeza social.

Cada vez parezco más malhumorado con el mundo. Más dolido con políticos y gestores. Más asqueado con los bancos y cajas… En definitiva, más cansado de oír y escuchar esa palabra. Y de que forme parte de cualquier conversación y de cualquier noticia.

Puede parecer una frivolidad y supongo que para muchos lo será. Sin embargo, imaginaos la magnitud del “bombardeo crisis” que hasta a quienes aún no nos ha llegado de una manera económica ya nos ha “tocado” de otro modo. (Para mí ser más feliz o bastante menos sí que es un tema serio).

Tal vez haya que charlar de esto y cambiar el discurso…

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