Las personas que entregan su vida a los demás, más allá de creencias, afectos, razas y demás, se merecen nuestra admiración por valientes, desprendidos y generosos.

Y por ello Vicente Ferrer se merece el apelativo de “señor” (en mayúsculas9, mi respeto y este espacio.

Gracias.

Hasta siempre.

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