Hace unos días murió el “Padre” Arsenio.

Para quienes no le conozcan diremos que era un docente franciscano que impartió clase en el colegio San Antonio.

En el caso de esta despedida tal vez no coincida mi opinión con las de algunos de los que fueron sus alumnos, al contrario que ocurrió con la muerte de Pacífico, que nos unía a todos.

 Sin embargo, desde el lugar de expresión que es esta bitácora, yo tengo claro que quiero rendirle el homenaje que merece, pues conmigo acertó y siempre “supo leerme”, así que nos llevamos bien.

 

Gracias, Arsenio. Espero que allí tu rodilla maltrecha y tus débiles ojos y garganta no te den la lata.

Un fuerte abrazo.

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