…y se confirma una vez más. Y esta vez no he sido yo el que ha dado la voz de alarma, sino que simplemente me erijo en portavoz de los gritos de una muchacha indignada con sus vecinos de acampada en el Etnosur.

Situación: domingo a mediodía. Jaén, el sol azota nuestras cabeza y hace un calor de no te menees que te deshidratas. Nosotros recogiendo nuestra tienda. Tanta  gente haciendo lo mismo. Bolsas de basura sin dueño. Y una joven le grita a uno de los muchachos de una pandilla que abandona la zona:

– Sí, sí… mucho hippy, muy guais… Sí, vosotros, vosotros, mucho don’t worry be happy pero nos dejáis todo esto lleno de mierda.

Y seguía un poco más con la cantinela.

El nota se giró un par de veces. Y yo estoy seguro de que no era el único culpable del montón de mierda que dejaban detrás, pues su pandilla era numerosa  y bisexual (niños y niñas).

Pero lo que queda claro y es evidente es que aquí todos somos simple y pura apariencia. En este caso mucha rasta, mucho pantacas guapos, mucho porro, mucho ecologismo… pero al final no tienes ni la vergüenza de tirar tu propia mierda al contenedor.

Pregonamos nuestras  propias mentiras. Lo mismo da ir con chaqueta y corbata, con harapos, con camisetas negras y cara blanca o lo que sea, al final: apariencia y falsedad.

 

Menos predicadores y más hacedores.

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