Este va a ser el primer artículo que recoja y comente fragmentos de una novela de Aldous Huxley. En ella el autor, a través de su protagonista, realiza valoraciones sobre el ser humano y la sociedad. Afirma verdades tal vez muy evidentes, pero que tendemos a olvidar con facilidad. Hoy toca valorar el porqué de las disputas entre seres humanos.

Así, Huxley afirma por boca de uno de los personajes de “El genio y la diosa”que: La verdad nos hace libres, pero, por otra parte, no es prudente jugar con fuego. No debe olvidarse nunca que las guerras más implacables no son nunca las guerras por cosas; son las guerras por las insensateces que han dicho de las cosas tales o cuales elocuentes idealismos; en otros términos, las guerras de religión. (…) un curso de violencia gratuita motivada por una obsesión por símbolos no analizados.

¡Qué gran verdad, ¿no?!
No discutimos por lo tangible, incluso ni siquiera por lo que consideramos bueno, malo, justo o injusto, sino por las valoraciones que previamente alguien ha realizado. Unas veces son valoraciones que nuestra cultura ha adoptado ya como “verdades universales e irrefutables”, otras se trata de palabras que ha pronunciado algún “iluminado” (político, periodista, escritor, Maradona, Florentino Pérez, Antonio Lobato…). De una u otra manera no considero ésta suficiente razón para entrar en las dinámicas de discusiones, peleas y guerras en que hemos sumido a nuestro planeta. ¡Que no quiero saber ni me importa quién es el mejor juggador del mundo para tal o cual periodista! ¡Que no! ¡Que además cada tres meses es uno distinto y eso resulta absurdo, coño! O, ya que nos ponemos, expliquemos que si los musulmanes en principio no comían cerdo y después se prohibió su consumo como medida religiosa es simplemente por el fuerte olor que despiden estos animales en las tierras que habitaban estos señores. O que lo de no comer pescado durante la cuaresma cristiana es simplemente otra genial idea que se le ocurrió a alguien para… (supersticiones universalizadas, vamos).

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