Llevamos todo el verano con el caso Riky Rubio. El capricho -perfectamente comprensible- de un jugador ha revuelto toto el panorama del baloncesto español.

 

Riky Rubio. Joven, alto y gran jugador de baloncesto. Lo lleva dentro y se le nota. Su facilidad es abrumadora en una cancha. Sin embargo, su capacidad para asesorarse bien y tomar decisiones corectas fuera de la misma se ve muy en entredicho. Así que vamos a nalizar qué ha sucedido estos últimos meses antes de dar mi “veredicto”. Quienes conocéis el caso os podéis saltar los tres siguientes párrafos, hasta llegar a la pregunta. 

Rubio tiene contrato con el Joventut (equipo histórico de Badalona) pero quiere marcharse, o esa era su primera intención, a la NBA. Hasta aquí todo normal. Para romper el contrato hay que indemnizar al club actual y el jugador parece asumirlo. Pero empiezan los problemas…

Primero quiere irse a un cierto equipo, no a cualquiera. Y, perdónenme, pero no conozco muchos jugadores que hayan elegido su primer franquicia NBA. En segundo lugar, sale en el draft en un puesto más bajo del esperado, lo que condiciona sus ingresos en los primeros años, y esto sí que es un problema. El Joventut quiere dinero por un jugador muy muy valorado internacionalmente. El jugador se resiste a ir a ciertos clubes americanos y además no ingresaría lo suficiente como para indemnizar a su club: perdería dinero.

Y ya está todo liado. Rubio sigue empeñado en irse antes de que le lleguen ofertas de clubes europeos. Y le han seguido llegando. Además dice sentirse engañado por los de Badalona y presenta una demanda… Creo que toda la historia la conocéis, pero…

La pregunta: ¿por qué los jugadores firman contratos que en cuanto pueden desean romper?

Si te ofrecen demasiados años o poco sueldo, no firmes. Si lohaces, ya sabes lo que tienes, pero deberías cumplirlo. Estamos hartos de ver en este deporte y otros (especialmente el fútbol en nuestro país) el caso de jugadores que tras una o dos temporadas en las que destacan fuerzan las salidas de su club para ir a otro. O piden una mejora de contrato. Mejora por hacer el mismo trabajo, y puede que no con el mismo resultado. Esta gente, cuando se lesiona, sigue cobrando (normal y positivo); cuando no juegan bien, no están a la altura, etcétera, siguen cobrando; cuando sobran en la plantilla, siguen cobrando. Y si los clubes quieren deshacerse de ellos, han de indemnizarles.

Ya está bien. Hay que ser consecuentes: firmas dos años, dos años juegas. ¿Ofertas mejores? Espérate a estar en condiciones de aceptarlas. Si realmente eres tan bueno, firma contratos anuales o bianuales, pero, claro, el miedo esá ahí. Si no juego, piensan, si no me va bien, discurren, sé que seguiré cobrando sin problemas. ¡Qué bien! Y si lo hago fenomenal, que me unten más: ¡perfecto! Me parece de malcriados. Y esto en el baloncesto es algo menos habitual, pero en vuestro muy querido fútbol… Uuuufff!!

Debe acabarse con esta lacra ya. Pero parece no interessarle a nadie. 

 

En Cáceres se ha dado un caso distinto aunque similar.

Tomás Bellas, base que recaló en el equipo la temporada pasada, se quere desvincular del club unilateralmente al haer escuchado y tratado de seguir los cantos de sirena del conjuto de Gran Canaria. El problema, esa unilateralidad. El joven madrileño tenía contrato con el club de mi ciudad. Y lo tenía y tiene porque tras no encontrar “equipo acb” durante un tiempo que se le concedió, renovó su contrato con el Cáceres 2016. Ahora los canariones necesitan un base. Y él encantado. Pero para irse, claro está, bien él o bien el equipo debería finiquitar su filiación con los cacereños y a eso no parecen estar muy dispuestos.

Así que un jugador con contrato se quiere ir a otro club libre (se ampara el conocido como decreto 1006/86) y a esperar. Me gsutaría ver a mí cómo un club despide a un jugador y no hace frente a algún tipo de indemnización. En el Estu se quieren quitar de encima a Samo Udrih, ya veréis como el jugador sale con las de ganar. Y no me parece bien del todo. Los contratos están para cumplirse, si no no se firman. Por cierto, el Gran Canaria es un equipo con bastante potencial económico y la ficha de Tomás Bellas es sólo de treinta mil euros: ¿os parece tanto? Yo creo que para conseguir un supuesto “jugador acb” no.

Os derjo un enlace a la noticia por si os interesase. Y otra óptica de la historia resumida.

Un último apunte. El Cáceres ya tiene la plantilla cerrada exceptuando la nueva incorporación de otro base que sustituya a este.

 

Un abrazo.

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