NO es fruto de la casualidad y ya veníamos viéndolo y -algunos- llevándonos las manos a la cabeza. Sólo había que visitar los periódicos deportivos y las webs de baloncesto para darse cuenta de que buena parte del común de los aficionados a la canasta advertían sobre la falta de intensidad, de ritmo y de sacrificio con que nuestra selección de baloncesto afrontaba los partidos de preparación.

Después, todo saltó con el último encuentro, disputado en Lituania ante los locales…

Nuestros jugadores (o muchos de ellos) andan sobrados de talento. Eso es positivo, claro. ¿Qué ha cambiado entonces, si la alegría sigue ahí? Ha cambiado algo simple: el nivel de implicación defensiva, el nivel de sacrificio y el nivel de aprendizaje. ¿Por qué es todo esto importante? Porque por mucho talento que se atesore, siempre puede darse un envite en que éste no nos acompañe, parezca gafado o, simplemente, no estemos acertados. Todo este talento técnico y las capacidades atléticas de nuestros “jugones” nos facilitan la labor a la hora de ganar los partidos y sacarlos para adelante. Sin embargo, el día que estemos fallones, ¿a qué  ha de sujetarse el equipo? Cualquiera puede responder: si tú no aciertas, que el contrario tampoco. Es decir, a la defensa. Y la defensa es apretar los dientes, correr, saltarse bloqueos, pegarse por un rebote: sacrificarse. Hay jugadores que por su tipo de juego han hecho simepre gala de ello, como Felipe Reyes, a quien diríamos que este componente del juego lo define. Por el contrario, y más tras la llegada del nuevo seleccionador, parece que el grueso de los jugadores ha olvidado esta condición necesaria para afrontar partidos de primer nivel y para salir siempre victoriosos.

Tenemos una gran selección, pero se ha olvidado de sufrir. Nuestras capacidades ofensivas, nuestra facilidad habitual para anotar y romper defensas parece haber conseguido que nos relajemos en la otra parte del juego, la defensa, y podemos pagarlo caro.

Como decía los encuentros se pueden complicar, por tener un mal día o porque el aro se te muestre cerrado, entonces si permites que te anoten siempre más de setenta y cinco puntos, no tendrás posibilidad de ganar.  España ha recibido durante su preparación muchos puntos. Y como se entrena y se preparan los partidos, así se acaba jugando cuando empieza lo serio.

Actualmente todos los equipos tiene grandes jugadores en su perímetro, gente que te puede hacer mucho daño. Y jugadores peleones y anotadores dentro. Si estás dispuesto a que su anotación esté por encima de los 75 puntos, te expones a que se quede fría la muñeca, a tener un mal día, o a que las musas del balón no acudan en tu ayuda ese día. Por muy bueno que uno sea, siempre puede fallar algo. Si no tienes facilidad para anotar pero consigues, con trabajo, esfuerzo y sacrificio, que el rival tampoco lo haga, puedes plantarte en los últimos dos minutos habiendo anotado sólo unos sesenta puntos y tenerlos a tres o cuatro puntos. Y podremos alcanzarles y darles la puntilla. De otra manera…  

 

¿Qué ha pasado para que el equipo pierda ese compromiso defensivo?

Realmente nadie puede responder verazmente a esto, pero siempre se pueden apuntar algunas hipótesis o pistas:

  1. La llegada del nuevo técnico. Parece que Sergio Scariolo no ha conseguido activar a sus pupilos defensivamente como lo hicieron sus predecesores.
  2. La pérdida de jugadores con grandes capacidades en estes aparatado: Jiménez y Calderón. En el caso del primero, era el único alero español capaz de defender a su par en el perímetro y de coger a un jugador más alto y poderoso en situaciones próximas al aro (en cambios defensivos o desde el inicio de la jugada). En el caso del base extremeño, ninguno de los que le suplen en el equipo defienden con la intensidad que él suele hacerlo. Cabezas se supone especialista, pero… Raúl López es menos potente físicamente. Al igual sucede con Rubio, quien donde realmente aporta en defensa es cubriendo al escolta contrario y cortando pases, nunca en la defensa individual con balón en ataque estático.  
  3. La pérdida de referentes. Carlos Jiménez, antes capitán, decidió abandonar la selección. Era un compañero que parecía aglutinar un liderazgo serio y dar con la tecla adecuada para que todos fueran de la mano y todos apretasen los dientes. En esta parcela nos hemos quedado huérfanos y el entrenador  parece no haberlo suplido con éxito aún.

 

Como ya se podía entrever al principio, no se trata de hacer una crítica aprovechando el momento de debilidad de nuestros jugadores ante la derrota en Lituania, si no de dar mi punto de vista y advertir a los aficionados sobre la realidad actual del equipo. De ahí que el artículo se publique hoy, día en que comienza la competición. Día en que sería necesario que en el vestuario de nuestros chicos alguien comentase que los mates y los triples estratosféricos, o los pases de espalda y los alley-hoops están muy bien, pero que antes hay que morder en defensa y anotar ataques con claridad. Los adornos para después o cuando sean un recurso del juego.

Siempre he  apoyado a este grupo, porque me parece una selección especial, que nunca más volveremos a tener, pero eso no me puede vendar los ojos y ser crítico con lo que no me guste. Mis voces, mis gritos y mis ánimos les acompañarán durante el Europeo, pero -además- quiero que eso signifique hasta la final y que esta acabe con una fiesta en cada pueblo y ciudad de España.

 

¡Suerte muchachos!

Y a dejarse los huevos.

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