Ha llegado a su final el tiempo del experimento sin alcohol que ha tenido lugar durante el mes de septiembre en mi misma persona y cuerpo. Ahora viene el tiempo de las conclusiones…

En primer lugar, antes de estabalcer las pequeñas conclusiones que este gran experimento ha arrojado, hay que decir que se  procujeron algunas excepciones que paso a enumerar. Así, el consumo de alcohol se dio en tres ocasiones:

  • En la comida de compañeros de “Inauguración de la Temporada” (una copa de vino para brindar).
  • Al ganar el oro del Eurobasket me tomé un cubata para celebrarlo (un ron con limón).
  • En la fiesta de despedida (por estudios) de nuestro colega Rafa (dos “macetas” de calimocho).

Bien, vamos ya con aquello que ese puede valorar después de treinta días sin copeteo y cerveceo:

  1. En cuanto a la salud, teniendo en cuenta que sólo puedo valorar lo evidente debido a mi escasa formación y no contar con  instrumentos de medición, he de afirmar que ésta ha mejorado. Evidnetemente, de resacas nada, pero además, mi estómago ha reaccionado bien. Al no beber alcohol, mis problemas más agudos, que coincidían con las mañanas de sábados y domingos, se han ido reduciendo hasta casi desaparecer. De todos modos, debo poner cuidado en esta zona de mi cuerpo, pues… me suele dar problemas sin relación con el consumo de alcohol. Mi hígado, evidentemente, no lo he podido valorar, pero espero que el no consumir alcohol me haya ayudado a contrarrestar el daño que la medicación actual (para mis cartílagos) pudiera causarme, y que fue otra de las causas de este mes “analcohólico”.
  2. En lo social: menos meteduras de pata. Tiendo a ser confianzudo y eso llevado al extremo de relajar mis miramientos a no hacer comentarios ácidos… Digamos que cuando bebo me resulta más fácil hacer “bromas” a los de mi alrededor, aunque no los conozca demasiado. Así, en ocasiones me tachan de borde o de vacilón.
  3. También en lo social ocioso o fiestero hay que destacar que nos lo hemos pasado muy bien los colegas las veces que nos hemos juntado y que la falta de alcohol en mi persona no ha mermado para nada la diversión, si no -en ocasiones- ha resultado muy al contrario. El encontrarse uno bien, alegre y dicharachero hace que no se necesiten sustancias. Al igual que si estás triste, por mucho que bebas… nada. Vamos, que no depende tanto la diversión del alcohol como del estado de ánimo (ya lo sospechábamos).
  4. En lo vicioso y personal. Me ha costado prescindir de las cervezas ( o el cali)  en esos momentos maravillosos en los que la bebida es acompañamiento de comida (o al revés), es decir, estando “de cañas”. Para eso da igual que sea mediodía, media tarde o primeras horas de la noche, los refrescos, zumos y demás no le dan ese gustillo a la comida, y menos aún a las raciones, ¡qué coño!
  5. Del plano sexual no os pienso informar ni dar mi opinión.

Ahora paso a enunciar algunas curiosidades:

  • En primer lugar, aunque es evidente que cuando la mayoría va “contentilla” y uno no, se les ve y evalúa de manera distinta, bien es cierto que si se está a gusto y hay risas, la distancia y modos de cómo se lo pasan unos (con alcohol) y el otro (sin él) se disminuye mucho.
  • Otro tema es que, como es normal, veas venir más los posibles problemas, situaciones embarazosas y demás. Digamos que se está más alerta.
  • Cuando no bebes tal vez las jóvenes se acercan (o a las que nos acercamos) “juguetean” menos verbalmente. Puede ser porque piensen que tienes las defensas más altas o… a saber (las mujeres piensan mucho más). Con buenas dósis de simpatía y picardía se vuelve a la situación normal (alcoholizada) y se relajan en ese aspecto.
  • Después de más de una década bebiendo, si empezáis a pedir refresquitos o zumos en los bares os puedo asegurar que váis a tener que dar muchas, muchas explicaciones. Esto lleva aparejado incomprensión y caras raras con expresión “tú-sabrás-lo-que-haces-chalao”.
  • El alcohol coloca. Parece una tontería, pero después de un tiempo (corto en mi caso) sin beber, sus cualidades “terapétuicas” se hacen más evidentes. A poco que bebas te pones “graciosillo”.
  • Alcohol, cultura y celebración van de la mano en nuestro entorno. Es sumamente difícil escapar de esa asociación. Y tampoco hay porque abandonarlo del todo. Simplemente debemos gestionarlo mejor y saber cuándo parar. Las luchas de titanes forman parte de la mitología.

Y con esto llegamos al final, no sin comentaros que el experimento acabó con varios días de anticipación porque uno se relaja, y más cuando va resolviendo situaciones y disfrutando más y más de la vida.

¡Nos vemos en los bares! (jajájajaja!)

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