Desgraciadamente el título no se refiere a que no vaya a trabajar más ni nada así. Ni me tomo un año sabático (ni puedo), ni me ha tocado la quiniela, ni nada que se le parezca. La verdad es más sosa y más normalita.

Empezar de cero en una casa es durillo, empezar de menos uno o dos, evidentemente, más. Lo de las viviendas de segunda mano es lo que tiene: que si hay que cambiar tal, que si ya que me pongo…, que si compras necesarias para habitarla, alguna reformilla o pequeña mejora. Y todo ello sin dejar de trabajar, claro. Por eso quería hablaros de los que están siendo estos útlimos días laborales, en los que no paro porque -además de todo- no quiero renunciar a hábitos necesarios o saludables, ni a otras actividades que me servirán para un futuro (¿próximo?).

Pues al lío, que ya llevo dos párrafos y aún nada en relación con el título…

Llegar del curro al hogar m/paterno, comer, echarme un rato demasiado breve y salir a hacer gestiones o compras para la casa o ir al curso de lengua inglesa. Después, gimnasio u “obras pequeñas” en mi piso (lijar, pintar, limpiar…). Otros días es distinto, pues toca quedarse un rato por la tarde en el curro y cuando llego a Cáceres, más de lo mismo: o tareas en la nueva vivienda o gestiones, compras, gimnasio.

Por suerte, siempre hay tiempo para una cerveza a primera hora de la noche, un café con amigos o una conversación que merezca la pena y no hable del pisito.

Mi cabeza no para mucho (ideas de todos los colores y en diversos temas, no sólo casa) y no me deja descansar demasiado.

¿Reventaré? Tal vez, pero por si el tiempo pensaba alargarse, ya está ideada la primera fiesta…

Apunte  AÑADIDO unos días después:

“Ni tiempo de ver una peli, una partido de la ACB, ir a la filmoteca, a una exposición…

Nada. Trabajar, cursos y amigos, poco más”.

¡Abrazos!

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