Naia Fernández es deportista y además tiene un espacio en el que expresa su opinión a cerca de su deporte. En él, hace ya algunas fechas, trataba el tema del “amarilleo deportivo”, de lo poco de periodístico e informativo que tienen muchos artículos supuestamente deportivos.

Hoy vamos a posicionarnos (y a dar caña) sobre este tema… ¡Vamos a ello!

… pero antes os enlazo el artículo de Naia Fernández que me acabó de animar para tratar este tema.

Ahora sí. De unos años a esta parte y emulando (¡cómo no!) a las culturas imperantes, el periodismo deportivo en España ha sufrido un cambio a peor, una mutación de esas que te dejan  “hechito polvo” que se diría.

Recuerdo cuando en mi infancia los medios de comunicación, especialmente televisivos, trataban con mucho mayor “rigor y seriedad” el apartado deportivo de sus informativos y programación. Trataba sobre todo de informarse y de que esos datos fueran de los deportes más diversos, no sólo de los de masas. Anque estos últimos gozaban de mayor tiempo, había cabida para otros. Actualmente, exceptuando “tve” y ella misma también peca de “futbolismo aborregante“, las televisiones sólo nos hablan de fútbol y del deporte que ellas retransmitan, incluso obviando otros en que nuestros paisanos destacan (¡¡alucinante, Yeni!!).

Y vamos a seguir enumerando otros claros ejemplos del amarillismo deportivo y su falta de rigor y profesionalidad actuales. Van:

En las noticias supuestamente deportivas se cuelan rumores de parejas que atañen a los jugadores de las diversas disciplinas. Y para esto sí que incluyen a cualquier deportista, aunque no resulte muy conocido, que los líos de faldas y meternos en la vida privada de los demás nos va “tela” y es digno de ocupar espacio en los programas deportivos (¡faltaría más!).

A por otra clave: prioridades avergonzantes. Que un jugador del Madrid o del Barça se lesione de una pestaña suele ser la primera noticia de la sección deportiva, muy por delante de que la selección femenina de culaquier deporte se haya clasificado para semifinales o final o de que algún españo haya ganado un título en su deporte (trial, lanzamiento de peso, etcétera…) a menos que lo retransmita la cadena que “informa” (recordad esta máxima). Esto nos hace entneder que su finalidad no es informar, sino simplemente obtener telespectadores.

Más. Al público sólo se le da lo que demanda o los responsables de las cadenas de radio y televisión suponen que quieren ver o escuchar. Así, nadie innova. Lo único que rompe esta regla es que algún españolito comience a destacar en ese deporte. Entonces se comenzará a dar por todas partes información del mismo, a menos que sea seguido por muy muy poca gente. Ejemplos claros: el ciclismo de Induráin ( y el actual, aunque menos), la F1 de Fernando Alonso, el tenis (con más reprensentantes) o “la sincronizada” (gracias a Mengual). Por cierto, me temo que no me equivoco si afirmo que en cada uno de los casos la televisión española pública (tve) fue la única que apostó por estos deportes antes de que triunfasen en nuestras fronteras (si me equivoco corregidme).

Excesiva sexualización de los contenidos. Y esto sí que se hace para “agradar” al público o multiplicarlo, que los panes y los peces se queda corto para lo que es el milagro de los culos y las tetas (escotes, perdón). No os voya a decir que me desagrade porque aquí no me gusta mentir, por muy griego que sea, pero es tremendo cómo los anuncios, las animadoras (acompañadas de comentarios jocosos de quienes retransmiten), los uniformes, conversaciones… hacen gala de las excelencias de lo físico y de lo sensual y sexual. En esto, mujeres, sabéis que salís también perdiendo, pues  no se aplica a los deportes masculinos ni a sus anuncios (Gasol chorreando sudor no sé si “os anima” o no).

Rudimentarismo profesional; traducido: que no saben de lo que hablan. El último gran ejemplo de esto fue el fichjaje del difunto Andrés MOntes para retransmitir los partidos de fútbol de “la sexta”. Nadie sabe si habría visto un once contra once anteriormente, pero nos suponemos que no. No es el único caso. La mayoría de los “profesionales del sector” aprenden sobre la marcha (¿Lobato se llama el de la Fórmula Uno? Otro caso evidente). Y mira que hay gente que sabe de deporte y de alguno en concreto mucho. Y seguro que tienen la vista mejor y aciertan cuando aseguran que “remató Fulanito” no como ocurre normalmente.

Una fiesta de amigos. Eso son actualmetne las retransmsiones deportivas. COn nombrar dos claros ejemplos creo que será suficietne: “Carrusel Deportivo” y el baloncesto en “la sexta” (de nuestra selección).

Una de las importantes: despotismo “ilustrado”. Los narradores y opinadores del deporte valoran sus opiniones como la única verdad (Manolo Lama, te toca, aunque no seas el único). Una opinión o un gusto no pasa de ser eso y así debe ser tomado, sin embargo, estos señores se empeñan en recomendar tácticas a los entrenadores (sin tener carné de lo mismo la mayoría), afirmar quién es el mejor del mundo en… (algo irrisible y poco demostrable), se enfrentan a sus compañeros y condicionan con todo esto las opiniones de quienes les escuchan. Es lamentable  y en lo posible se debería luchar contra ello.

Volviendo a lo que afirma Naia Fernández, incluir comentarios o cuestiones sobre la vida personal (sexual o no) de quienes son deportistas no tiene sentido, al menos deportivo, pues si son personajes públicos es por su faceta físico-deportiva y no por el resto. En el caso, además, de las mujeres es bastante triste que se lleve a eso la atención de una entrevista, más teniendo en cuenta la poca repercusión de los deportes de mujeres en nuestro país y las escasas ocasiones en que ellas se pueden expresar o son protagoonistas. Pero todo esto ya lo explicó mejor ella en su “post”.

Claro está, si se me ha pasado, sabéis o se os ocurre alguna razón más que demuestre este amarillismo deportivo o cómo ya no se informa sino que se hace mie… de las noticias y programas deportivos, aquí tenéis un espacio para expresaros.

Gracias. ¡Y viva el deporte!  

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