Este año no hemos tenido la oportunidad de relamernos con el juego de Pavel, del bueno de Pavel Ermolinski. Y afirmo esa negación: NO hemos tenido oportunidad. Digamos que nos la han birlado, nos la han robado.

 

Desde que llegó a Cáceres y al poco de verle jugar me pareció un jugador muy interesante por muchas razones,  pesar de no ser un base “puro”, ni de tener cuerpo para ello. Sin embargo, ni el primer entrenador –auque algo más-, ni el segundo, han querido darle los minutos necesarios a Ermolinski para que nos mostrase todo su potencial.


Nos hemos quedado con algunos detalles. Para mí, muchos positivos. La facilidad para penetrar, para mirar a los compañeros por encima de su defensor y facilitar así su trabajo, sus asistencias, sus ganas… Para el segundo técnico nada de eso ha importado porque, a su entender, un tipo de más de dos metros no puede jugar de base. Una pena para el jugador, el público y el club, que ha gastado una ficha.
Yo no entiendo nada, pero sólo soy un aficionado más. Lo que sí comprendo es la frustración que debe de sentir el bueno, repito, de Pavel Ermolinski. La frustración por no poder jugar. Y, aun así, ni un desplante, ni una mala palabra, ni una entrevista en la que salirse de tono… Él sigue calentando en los tiempos muertos. Atiende a las instrucciones. Realiza el calentamiento. Etcétera. Pero su educación, su clase y sus maneras le impiden rasgarse las vestiduras y proclamar a los cuatro vientos lo que opina de su situación y de su falta de oportunidades.

Eres grande, Ermolinski, al menos como persona. Y, para mi gusto, bastante buen jugador y mejor de lo que has podido lucir aquí.

La grada está contigo. Un abrazo.

P.D.: esta noche toca mostrar la gran planilla que tenemos ante el equipo más fuerte a priori: Zaragoza. ¡Suerte, Cáceres!

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