La semana pasada gocé de la suerte de ver a alguno de mis amigos más de siempre y más cercano con una inmensa alegría. Y la suerte, también, de compartirla. Y esto ha sido el origen de este pequeño “post”.
Me encanta y me parece realmente bueno que cuando algo positivo le sucede a alguien, el resto lo viva también de esa manera. Hablo de esos cambios para mejor. Los casos más comunes suelen estar relacionados con el trabajo. Otros menos comunes pero también importantes son los sentimentales o de pareja.
Entre los primeros se encuentran los cambios de trabajo, ascensos y demás.
Entre los segundos, las nuevas relaciones, las relaciones que se rompen y todo el mundo entiende que es positivo, etcétera.
Pero,a lo que íbamos, lo importante, es esa capacidad empática que nos permite disfrutar de la alegría del otro y sentirla como propia. Alegrarnos de que un amigo encuentre un trabajo u otro mejor del que tenía, o de que una su vida a otra persona o se separe de ella, nos hace mejores, más humanos y demostramos ser verdaderos amigos.
No todos los cambios que parecen o comienzan como positivos después se mantienen así, pero,  por lo menos nos quedan los momentos en que así fue y la alegría de compartirlo con otros.
Ojalá todo fuese para bien, pero recordad que aunque no sea así, para valorar lo bueno hay que conocer lo malo, que –además- nos ayuda  crecer y ser felices.

Un brindis por vuestros cambios.

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