Ya sabéis que no suelo escribir de cine. La verdad es que no tengo ni idea de esta materia. Pero en realidad no es de cine de lo que voy a hablar; creo.

El viernes por la noche tuve la suerte de poder ver la película “Celda 211”. Llevaba tiempo teniendo ganas y por fin lo conseguí. Y no me decepcionó, más bien al contrario, me encantó.

Y me gustó de esa manera que me gustan a mí las pelis, dejándome poso, dejándome pensativo y tal vez torpe a simple vista, porque estoy pensando en otro algo.

Pero no quería hablar ni de la película en general ni de cómo me sienta a mí ver cierto cine, sino de algo más concreto: la violencia.

Creo que en esta obra de arte se encuentra la escena más violenta que jamás he visto en una pantalla. Trataré de describirla porque no la he encontrado “por ahí”. Se trata del momento en que un representante del ministerio acude a hablar con los presos, a negociar. Entonces, Calzones, totalmente colético, iracundo y fuera de sí amenaza al negociador con mandarlo todo a la mierta y asesinar a los rehenes. Es de uha realidad tal, que me dejó tiritando, y no es una manera de hablar. Por circunstancias tenía mis piernas estiradas , colocadas sobre el cabecero del asiento delantero izquierdo y éstas me empezaron a tiritar, especialmente la enferma. Me pareció la hostia. Fue espectacular comprobar cómo me latía el corazón y las piernas cobraban vida propia. Creo que realemnte es la escena no-real más violenta que he visto en una pantalla. Y es increíble porque no hay mi golpes, ni sangre, ni nadad. Sólo palabras, palabras que son una amenaza cargada de odio y rabia muy reales. Os voy a dejar un enlace donde podéis recordar la imagen que digo, yendo al segundo 52 de la reproducción. Y sigo, pero antes os pido ayuda: si alguien consigue encontrar la escena al completo que haga un comentario a este” post” en lazándola (¡gracias!).

Lo otro llamativo de “celda 211” es comprobar como todo puede ir a peor. Me refiero a que estamos acostumbrados, cuando vamos al cine o vemos una película en casa, a que en algún momento cambien las tornas y los problemas que se plantean se solucionen, o vean luz, o… A que surja la esperanza o la resolución, siempre positiva. O casi siempre. Sin embargo, en le película de Daniel Monzón todo va a peor, siempre. Eso también la convierte en distinta.

Os dejo el “trailer”, para quien aún no haya visto esta maravilla.

Antes de despedirme una reflexión final: el preso Malamadre se comporta como se supone que es de principio a fin. Sólo afecta a su modo de actuar la sipatía que siente por el nuevo preso, Calzones. Juan Oliver, Calzones, se ve totalmente superado por las circunstancias y ellas le hacen cambiar. Pasa de ser un tipo normal, a asesinar, a ensalzar la violencia, a amenazar… Da miedo, sí,  pero sobre todo da miedo porque eso es real. ¿Qué quiero decir? Que es real porque eso nos pasa a todos. Y a todos es a todos.

¡Disfrutad!

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