(¡Joder, casi no llego!)

“Mira tío, tú lo que tienes que hacer es esto… y no te comas el coco…”;  “espera a que y…”. “Es tu juego, es lo que sabes hacer”.  Estas serían las palabras que muchas veces los entrenadores le dicen a sus pupilos antes de la salir a la cancha, en los entrenamientos y demás. Y os puedo asegurar que casi ninguno hace caso.

Conocer qué aspectos del juego se nos dan mejor y saber aprovecharlos es una de las más importantes sino la mayor de las virturdes de cualquier deportista en cualquier disciplina. Y hay jugadores o momentos en los que es especialmente trascendental.

Este curso tenemos en nuestras filas a un tal Drew Naymick (el mormón, para parte del público) que es un claro ejemplo de sacar partido a lo que mejor domina. No podemos afirmar que es un jugador de grandes recursos, que te soluciona un partido, ni nada así. Pero sí que es un tipo que hace lo que sabe y nada más, ni se complica ni le apetece. Y ésa es su gran virtud: sus limitaciones nunca lucen tanto como sus posibilidades.

Es un pívot que necesita del juego de los compañeros para anotar. ¿Qué hace? Esperar su oportunidad: en un rebote ofensivo, en un “bloqueo y continuación”, cuando un compañero penetra y divide… Nada más. Algún día intenta jugar de espaldas, que no es lo suyo, pero nunca le verás repetir esa acción más de dos veces en un partido. Porque sabe que no es su mejor opción.

Y después destaca. En intimidación. En rebote. En lucha y entrega. Y en todos esos aspectos que a los llamados “seguidores tipo” tanto nos gustan.

Nunca ocupará grandes titulares, ni es un jugador que vaya a destacar poderosamente en anotación si no es con ayuda del prójimo; sin embargo, es un jugador muy importante y muy necesario, porque nunca resta. No te ganará un partido, pero -sobre todo- nunca te lo va a perder. Si no le pides peras al olmo, pero las peras están cojonudas, pues a peras, que para otras frutas ya hay otros jugadores.

Gracias, Drew, sigue así: a lo tuyo.

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