Si simplemente somos nuestro estado anímico.

Ejemplo o demostración empírica… de mis propias carnes viene.

Últimas semanas o algo más. Ante un futuro laboral incierto, pero en el que todas las posibilidades me parecen atrayentes y positivas, mi estado de ánimo comienza a variar. A cambiar hacia bien. O como diría una compañera de curro: “si es que vienes con el guapo subido” (pa gustos…). Todo esto sucede casi de un día para otro, el cambio, pero la cúspide, la evolución y blablablá se ha ido fraguando poco a poco.

Bien, decíamos que el futuro y sus opciones me gustan, pero hay más: las reformas de mi piso van llegando a su conclusión. Y como sositene Punset y yo creo a “pies juntillas” (¿se dice así?), la mayor felicidad es el tiempo de espera ante algo que pensamos que nos hará feliz. Total, dos puntos sobre dos analizados.

¿Qué ocurre? Que ellos, con su vida propia, me van dibujando la sonrisa y yo empiezo a pasearla. Y como el lenguaje gestual ayuda a las emociones… ¡Diversión, nocturnidad, música..! Y la sensación de que por mucho cansancio que aparezca, por mucho que haya aún que sacar para delante y por mucho que venga, con la actitud y el ánimo subidos está todo hecho.

Y todo esto -bastante normal por cierto-me lleva a pensar en que debe de ser mi tercera juventud. Porque así me lo estoy tomando. Y las enumero por si tal:

a. La juventud real, vital o biológica. Ya pasó y estuvo bien.

b. La juventud tinerfeña. Los últimos tiempos allí tuve un subidón debido al mal de amores. Relación rota lleva a intento de aprovechar todo oportunidad de ocio (incluido el “cabeza de perro”). Como véis, sigo sin ser original.

c. Y la tercera. Ahora. Las circunstancias están, pero las quiero aprovechar, como todo y… esto ya lo he contado.

Si he de ser sincero, he de comentar que pudo haber otra tercera anterior: la de la vuelta a la tierra natal real. Pero queda menos literario y, además, puede catalogarse como un estado de locura transitoria que se alargó más de lo habitual (sí, se parece a otro “algo”).

Y ya no sé por dónde iba, pero sí que debo ir cerrando. Conclusión: somos nuestro ánimo. Una sonrisa cambia todo. “Si lloras porque el sol se oculta (…)” y miles de sabias frases anteriores a mí afirman lo mismo que yo, y mejor. Eso sí lo de las juventudes cada poco no es tan oído: mi abuela dice que el hombre desarrolla no sé cuántas veces (¿?); y un amigo que actualmente mucho sexagenario vive como un adolescente, pero, es menos oído.

La duda es: ¿cuántas juventudes se pueden acumular en una vida? ¿Y en un cuerpo? Porque de espíritu bien, pero de chasis empezamos a estar jodidos.

Un abrazo, gente, y a sonreír, que hace maravillas.

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