No es lo mismo ganar un Mundial, que un Príncipie de Asturias, por ejemplo. De hecho, lo segundo -un reconocimiento social- no sucede si antes no se da lo primero. ¿O acaso  esos jugadores no se lo merecían igual cuando se iban en cuartos para casa? Su lucha sería la misma digo yo. O eso parecían indicar sus lágrimas.

Ganar algo es ganar y tiene un valor. Que te concedan un premio o galardón, tiene un valor muy distinto y -normalmente-  mucho menor.

Últimamente, ha surgido la “solución” de conceder el premio a alguien muy conocido, con mucho prestigio, para dar importancia al premio, aunque el galardonado no lo merezca. Se trata de hacer “publicidad gratuita” de ese reconocimiento. Esto ocurrió con el Nobel de la Paz para ¿Obama? Aunque nada es gratuito, pues el descrédito en que cayó este galardón durará años.

Y ésa es la verdad, no es lo mismo ganar algo en una competición o ante unas pruebas objetivas, a que te concedan un premio a través de unas  valoraciones subjetivas. De hecho mucha gente trabaja con pequeños gestos para logran la paz en su comunidad, o muchos deportistas se esfuerzan mucho más y en deportes más sacrificados que aquéllos que gozan de fama y nunca obtendrán un galardón. Eso sí, quien es campeón, es campeón (¡Noya!).

Morirte y que la gente acuda a despedirte en tropel es mayor premio que cualquier Nobel que te puedan dar. El cariño de los otros sí suele ser un premio merecido (Labordeta).

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