Después de haber perdido –o haber sido eliminados- de la carrera por la Capitalidad Cultural Europea de 2016 parece que las ciudades, Cáceres, se debiera instalar en un estado depresivo o melancólico, dejándose arrastrar por los aires otoñales. Sin embargo, yo soy de las personas que creen que lo que debe de tratar es de demostrar y demostrarse que podía haber sido la elegida y, sobre todo, de seguir apostando por lo cultural como una seña de identidad de la ciudad y sus habitantes.
Por ello, una semana después del doloroso fallo (sí fallo en todas las más comunes acepciones) creo que Cáceres tiene que seguir apostando por aquéllas citas que han sido un éxito e incluir otras nuevas que no supongan un derroche o que no resulten caras ni comprometan sus presupuestos. Sin el respaldo económico ni el adorno de la competición por la Capitalidad Cultural todo parece más difícil, y lo será, pero no por ello debemos dejar de ser culturales. Abandonaremos la autopromoción –espero- y dejarán de verse fotos de vecinos en ventanas antiguas o puntos de colores por todos lados, pero lo demás, la cultura real, debe seguir adelante.
Mis propuestas parten de utilizar espacios públicos y de que el Ayuntamiento trate de incitar a la participación ciudadana y de “tirar” de grupos culturales que quieran darse a conocer o sean aficionados. Así, en esta línea serían:
•    aprovechar instalaciones del Womad (incluso durante el festival) para crear un festival de teatro aficionado, gratuito en todas sus caras.
•    Celebrar eventos musicales o “concentraciones” en que participen grupos desconocidos o que estén empezando utilizando, por ejemplo, en espacios como el Paseo Alto, haciéndose cargo el Ayuntamiento sólo de escenario y equipos de sonido.
•    Programar en algún centro cultural u otro espacio semicerrado una semana o fin de semana de las culturas en que vecinos de Cáceres procedentes de otros países o lugares, puedan dar a conocer su cultura. Sólo gastaríamos en ayudarles a recavar su “patrimonio cultural”, imprimir fotografías… y preparar el espacio.
•    Lectura de poemas en distintos lugares naturales públicos (parques, paseos…) para conmemorar vida o muerte de grandes de la literatura.

Ésta sería mi aportación a continuar con una línea cultural en la ciudad, más económica, más ciudadana en cuanto a participación, más nuestra y sin importarnos la opinión europea ni su trascendencia, sino su naturaleza.

Por cuestiones de tiempo no he podido señalar qué hemos perdido los cacereños y extremeños con esta dolorosa e injusta eliminación. Prometo dejar esa huella en los comentarios de este artículo.

¡Sigamos el sendero de la cultura!

 

Ahora -y antes de despedirme- unos videoclips. Y al final, el abrazo.

Un abrazo…

y muchas gracias a quienes han colaborado para intentar el sueño.


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