Hace poco salió un reportaje en algún diario deportivo hablando de Jiménez, don Carlos. En él se incluía una entrevista audiovisual y en el texto se hablaba de un jugador distinto.

Muchos somos los que echamos de menos su participación en nuestra selección. Muchos somos los que pensamos que su baja (voluntaria) ha pesado mucho y no sólo en el juego, que ya sería más que suficiente, sino también en el nivel de cohesión del grupo y en el aspecto de “tener todos las cositas claras” (sin frivolidades y sin querer desempeñar roles distintos a los encomendados).

Pero no quería hablar de esto, sólo quería rendirle un homenaje más dejando aquí las palabras que escribí como comentario en dicho periódico

¡¡Menudo jugador!! De los que ya no quedan, de los que dan un plus en lo que no se puede medir, de los que saltan defensivamente haciendo moverse a sus compañeros, de los que palmean un rebote en el último minuto o sacan una falta en ataque justo en el momento más importante. Ahora se habla mucho de capacidades físicas y técnicas y nadie se preocupa del pundonor, del esforzarse en otras facetas o del saber sacrificarse con un trabajo menos luminoso pero muy necesario para culaqueir equipo. Y todo esto lo representa Carlos JIménez. Es el “Espíritu Jiménez” y quien no entienda a qué me refiero que se vea algún partido de la selección de cuando el jugaba hace unos años.

En Cáceres, por cierto, tenemos otro de esos jugadores especiales: Lucio Angulo (el Apache Espinosa), que además anoche se salió en las estadísticas. Unos días lucen más, otros menos, pero siempre te dan algo que pocos más tienen.

¡Viva el espíritu! ¡Viva Jiménez!

 

Gracias, Carlos, por ser como eres.

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