Seguramente hoy me acueste siendo tan subjetivamente rico o pobre como lo era la noche anterior, así que, dejémonos de Loterías y otras mentiras y sigamos con lo nuestro…

El primer contacto de este -entonces- joven extremo derecho portugués con el fútbol español se lo brindó el F.C.B. Barcelona. Fue la sombra de Figo el primer año. En el segundo su antecesor se había vendido polémicamente al Real Madrid y el joven Simao cogió las riendas en la banda derecha.

Desbordó, defendió, lanzó zapatazos, se dejó la piel en la banda… y todos descubrimos a un muy buen jugador. A un extremo con mayúsculas. A un jugador que dio alas al Barça de Serra Ferrer, que duró (con opciones ligueras) lo que tardó el luso en lesionarse. Sin la gasolina de ese Simao que defendía, atacaba y hacía de todo y bien, el equipo zaulgrana perdió mucho mucho fuelle.

Esto le llevó a la internacionalidad absoluta, pero el Barça prescindió de él. Maduró en otras tierras, las lisboetas, con el Benfica. Y siguió creciendo: más preciso en el tiro y el pase; y se cambió de banda:  ahora prefería la izquierda y centrar con el empeine.

Creció y creció (nuinca de estatura) y el Atlético de Madrid se fijó en él. Lo trajo de nuevo a esta parte de la Península y aquí ha estado ayudando a los del Manzanares a ganar títulos y a seguir tratando de ser una alternativa en el fútbol español. Su físico no es el mismo: le cuesta más defender. Y su calidad no aparece con tanta asiduidad. Pero el buen Simao, sigue siendo un jugador imprescindible en el ochenta por ciento de los equipos. Buen jugador, con pase, con itro lejano, con ganas, comprometido, maduro….

Se va a Turquía, con el Besiktas, que está creando un muy buen equipo. Suerte, pequeño portugués.

¡Hasta pronto, Simao! Éste es y ha sido mi homenaje para ti. Gracias.

Ahora… videoclips.

– ¡Mierda!, el mejor no lo coge. Lo enlazo.

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