Siempre me ocurre lo mismo. Y creo que no soy al único.

Para que no digáis que teorizo, hoy ejemplos:

1. Me inscribo en natación (al aire libre) en Tenerife. Bañador nuevo, gafas (y eso que me dan dolor de cabeza), chanclas nuevas, gorro y todo lo necesario para practicar ese deporte que tanto me aburre (lo siento). Todo sea por la salud era mi pensamiento, hasta que caí enfermo por varias razones que ahora no comento.

2. Tras la vuelta a Cáceres empezamos los colegas a jugar a fútbol sala. Compras: dos pares de botas, que con uno no parece suficiente. Y todo para un partido a la semana. ¡Menos mal que no hicimos las camisetas de Skupi-tajos, Spara-drapos y demás! (Me acabé de lesionar la rodilla: mala suerte).

3. Me apunto a un gimnasio (en Cáceres, aunque estuve años haciendo lo propio en la isla) y a gastar en calzonas (sí, calzonas), camisetas transpirables, zapatillas, pantalón de chándal, forro polar… ¡Ay, Isra, siempre igual!

Y ahora me ahorro un par de ejemplos más y hablo del cambio.

El cambio: Me he comprado una bicicleta. Para más señas de montaña, aunque lo que más hago es carretera (poca). Y en lugar de comprarme chaqueta, cullote, mallas para invierno… he ido sólo a lo imprescindible y lo legalmente a consejable: caso, señalización luminosa (delantera y trasera) y unos guantes, más que nada por protegerme del frío. Sé que sería mejor o aconsejable tener unos pedales con calapiés o automáticos, sé que el cullote me ahorraría ciertas molestias, que con la chaqueta no me habría calado de agua el martes pasado y… sí, lo sé, pero ya estoy harto de equiparme para después no sacarle demasiado partido. Así que ahora, primero practicar lo que toque y después, mejorar el equipamiento o extras. A tirar del forro polar, de calzoncillos cómodos, de pantalón de chándal normal y demás. Y a aguantar los jodidos pedales. Si le saco partido, invertiré.

L'avutarda (nueva bici del grecogitano).

Y la anécdota: en Adeje me saqué un bono para la piscina municipal techada (¡preciosa!). Me compré otros dos bañadores, otro gorro (a saber dónde estaba el otro), otras chanclas y seguro que algo más. ¿Qué ocurrió? Algo simple: no agoté los veinte baños. Y estoy seguro que no agoté ni doce de los veinte. (Enlace a las actividades de “la pisci”).

Para los inconstantes y los cambiantes como yo, es mejor esperar a ver cómo se avanza antes de emocionarnos y comprar, por ejemplo, un teclado casio último modelo.  (A ver si me pongo con el cajón flamenco).

Un abrazo.

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