Por circunstancias me he visto pasando la semana santa -al completo, sí- en Cáceres o, mejor dicho, en casa. Esto me ha permitido tener mucho tiempo: tiempo para “bricolear”, tiempo para ver televisión, tiempo para compartir con amigos… Tiempo.

Y a pocos días de acabarse este descanso o relajación tan estupenda, se me encendió la bombilla. Nunca he creído que el trabajo sea necesario, ni mucho menos un mal necesario. Sólo es una ocupación, y la mayoría de las veces, una ocupación con fines lucrativos: un sueldo. La mayoría de la gente no sólo no trabaja en aquello para lo que se ha preparado, ni mucho menos en lo que le gusta. Trabajamos en lo que surja. Ahora mismo es muy así en demasiados casos, por desgracia. Y, además, el INRI se hace enorme, esta tarea nos lleva mucha buena parte de nuestro tiempo, de nuestra vida. Junto con dormir, la actividad que más nos ocupa. Y, me pregunto, para que todos lo “oigáis” ¿es necesario? No.

Queda demostrado, a través de mi persona y de muchas  más, que ocuparse es necesario. Es decir, tener algo que hacer es necesario. Tomándome como ejemplo, no como modelo, es evidente. Tuve mucho tiempo libre. Tiempo para mí. Y lo aproveché en un gran porcentaje. ¿Por qué? Porque “siempre estoy ocupado”, siempre tengo algo que hacer. En esos días a que me refería, ordené mi piso (que falta le hacía porque…); fui terminando pequeños arreglos o artículos decorativos;  me ocupé de las labores cotidianas de la casa (¡qué aburrido hasta aquí, ¿verdad?); hice deporte (baloncesto, fútbol, paseos en bici); leí una novela, además del tiempo habitual de “interné”; escribí; visité algo más a mi familia; cuidé o conicidé o compartí más momentos con amigos, especialmente lo intenté con aquellas amistades conque tengo menos oportunidades; y así hasta… ¡¡si he estado viendo una serie en VOS, por dios!!

¿Me he sentido mal? No. ¿Culpable? Ni mucho menos. ¿He añorado el trabajo? que me dá la risa.

Conclusión, personal y muy tranferible: NO NECESITAMOS TRABAJAR, NI UN TRABAJO, LO QUE NECESITAMOS ES ESTAR OCUPADOS y, si es posible, buena parte del tiempo con lo que nos guste o nos haga disfrutar.

¿Qué sería lo ideal? Que de lo que nos gusta, nuestra aficiones, lo que nos apetece en principio, o aquello para lo que estamos mejor dotados y por tanto nos sentimos bien desempeñándolo, fuera nuestro trabajo. Sí, se convertiría en un trabajo, pero me parece mucho mejor estar cortando madera y haciendo muebles (si es lo que te llama), que cambiando ruedas o atendiendo a personas mayores, si eso no te satisface. O cuidar personas mayores, porque te hace sentir bien y útil, antes que ecahr cálculos contables. Estar ocupados y trabajar (por lo económico)  pueden ser necesarios, pero para la felicidad, con lo primero es más que suficiente. Que no nos quieran convencer las “voces sabias”: el trabajo no dignifica, lo que dignifica es ser bueno para los demás.

Un abrazo. Y disfrutad vuestra vida. Intentadlo a cada momento, incluso trabajando, porque nuestra amiga no dura tanto como parece.

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