Estos próximos días tendrá lugar mi viaje a Tenerife. Es algo así como un viaje de vuelta, de vuelta a mi tercera patria. Y por eso quería aprovechar la ocasión para explicar mi concepto de patria. No trato de hacerme el original, pues no lo soy, pero sí de recordar(nos) que es una palabra cuyo significado no es tan cerrado como puede parecer, ni mucho menos.

En principio todos entendemos por patria el lugar donde nacemos o crecemos. En ocasiones, no es el mismo, por lo que una persona puede mostrar más cariño o apego a uno de esos sitios (ciudad, pueblo, país). En este caso ya se produciría una “primera elección” al determinar queriendo o sin querer una patria preponderante. Creo que todos tenemos a alguien en nuestra mente que cumple esta condición de haber nacido en un sitio y que se sienta de aquel otro en que creció (estudió, empezó a salir…) o, al contrario, que se desarrolló en un lugar pero se sigue sintiendo más apegado al de su nacimiento (aunque viviera poco tiempo en donde fue “alumbrado”), así que no es necesario explicar más.

Personalmente, nací y crecí en la misma ciudad. Pequeña ciudad: Cáceres. Por tanto, mi primera y única patria en mis primeros años estaba clara. Después me fui a trabajar a Canarias, por lo que debería ser mi segunda patria, pero -com véis en el título y primeras explicaciones- no lo es. ¿Por qué? Porque hubo otra que se le adelantó. Así, Tenerife es mi tercera patria, porque en ella me emancipé y “abrí al mundo”. En la isla pude conocer no sólo gente de allí y “otras pequeñas patrias canarias” (os recuedo que son siete las islas, más San Borondón y La Graciosa, con sus distintas idiosincrasias), sino personas de muchos otros lugares que allí vivían, trabajaban o estaban de paso. Fue un fogonazo duradero y enriquecedor: toda esa gente con sus distintas procedencias. Pude aprender mucho de esta experiencia. Y lo intenté.

Pero está la que se coló: la segunda patria. A explicarlo… Bien, antes de aterrizar en Tenerife y hacerla patria (o ella apadrinarme a mí) apareció entre notas musicales, palabras ininteligibles, monumentos conocidísimos, cultura ancestral y clásica y sensaciones muy impactantes, la patria añorada o soñada: Grecia. Fruto más de una ilusión o una emotividad de origen desconocido, el país mediterráneo me fue ganando como admirador. Me alumbró la música de allí a través de las cantantes que sonaban en “Diálogos Tres”. Traté de ir acercándome (de mi habitual manera tan anárquica) a su cultura, su música (investigando), su gastronomía, geografía, patrimonio… y cada vez crecía más en mí un sentimiento de comprensión de su realidad y de pertenencia a su patria, ilusioria claramente. Curiosamente, cuando pude realizar mi primera visita allí, me sentí cómodo entre sus gentes. Me gustó lo que vi. Estuve a gusto. Y respiraba un aire de hogar. Seguramente todo ello muy condicionado por mis expectativas previas y mi forma de entender la vida y moverme por ella, o intentarlo. Eso hizo de estímulo o refuerzo para seguir tratando de acumular más i nformación, aunque siguiese siendo de manera muy desordenada. Así fue como obtuve mi segunda patria. De casualidad (en la radio) y con un poco curiosidad.

De esta manera, he logrado tener tres patrias claras o mayúsculas: la real (de nacimiento y crecimiento), la de apertura al mundo (vital, geográfico y laboral) y la soñada o elegida por extrañas circunstancias. Lo único un poquito curioso es que yo coloque “la elegida” en segundo lugar, por haber aparecido así en mí, y no la aperturista, quien llegó a “mi vida real” (pisar su tierra) antes que la helénica. Y con esto doy por concluida la explicación.

Realmente, estoy muy contento de volver -aunque sea de visita- a mi tercera patria. Tenía ganas desde hace tiempo, pues ha sido y es un lugar que me ha aportado mucho. Desde lo más importante (muy distintas personas y capacidad de adpatarme) hasta lo más accesorio, como puede ser el gusto por el mar y la playa. Casi todas las experiencias allí fueron positivas, y las que no lo fueron me sirvieron aún más de aprendizaje para el futuro. Las personas que tuve alrededor me ayudaron a abrir los ojos a otras realidades, a relacionarme de otra manera, a comprender que hay muy diversas formas de actuar y que todas pueden ser válidas, a apreciar parte de lo que me pasaba hasta entonces desapercibido, a respirar un poco más y correr un poco menos…

Recuerdos de personas, paisajes, formas, sal marina, montañas, folklore, acantilados, sabores, humedad, sonriras y gentes que trataré de recuperar, aunque sólo sea por unos días. Un sueño pasajero y un refresco para la cabeza.

¡Tenerife, allá voy!

(Por cierto, a poco que busquéis encontraréis muhcas referencias, fotografías, canciones y artículos de mi segunda y tercera patria dentro de este proyecto. Pistas: música, tierras, paisajes…).

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