Corría la tarde del 16 de septiembre de este año (aniversario de la muerte de Maria Callas por cierto) cuando un tal J.C. Navarro me dibujó una sonrisa a base de triples, “bombas”, canastas estratosféricas tras bloqueo… y esa misma sonrisa seguía y se volvía aún más grande el domingo, dos días después, tras vencer en la final a Francia.

Sí, otra vez estoy hablando de baloncesto, y de esta panda de (…) que tan felices nos hacen a algunos. Y esa felicidad, estúpida supuestamente, ha continuado. ¿Por qué ? No sólo porque el ser humano sea así -simple como una semilla cualquiera, al menos la mayoría de los hombres- sino porque además se daban algunas circunstancias más, que no me restan nada de simpleza. Y son: cambio de trabajo (misma o similar labor en distinto lugar y con distinto “público”); avances en proyectos que se han y están alargando demasiado en el tiempo; nocturnidad y ocio fácil. Y, por supuesto, nuestro oro, porque es nueeeestro, sí. Es lo que tiene ser simple o coger una racha positiva, que todo parece ir hilado, aunque sospeches que no tanto: con no prestar suficiente antención…

Y, nada, esto es todo. A seguir bien todo el mundo, espero, y a escuchar una “cancioncita” que viene al pelo:

Y un aviso para los seguidores/as habituales: debido a que el tiempo es subjetivo pero inalterable, he tomado la decisión de escribir un artículo a la semana (alguno más en alguna ocasión extraña) para así poder dedicarme a otros quehaceres aparcados tiempo ha. Gracias por vuestra comprensión y por dejaros los ojos leyendo (leyéndome9 en una pantalla.

¡Abrazos!

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