No seré tan tajante. No me dejaré llevar por la lectura de un artículo maravilloso de Luis Muiño. Pero sí cuestionaré algo ya de por sí muy en tela de juicio, como es celebgrar como celebramos las fiestas navideñas. ¿Es necesario “tanto enreo”? ¿Por qué es “obligatorio” ser felices? ¿No voy a poder escuchar buena música en nintún sitio estando fuera de casa? Y sobre todo, leed:

“En estas fechas tan señaladas”.

El protagonismo, todo para él.

Los excesos, me temo, todos para nosotros. Deberíamos ser algo más sinceros con nosotros mismos: felicitar sólo a quienes nos apetezca o de quién nos acordemos de veras; abrazar a quien solemos abrazar; estar contentos o no según nos levantemos; cantar lo que nos apetezca… Hay que intentar disfrutar, liberarse de las cargas del año y pasarlo bien, pero sólo si nos apetece.

Os toque o no la Lotería de Navidad (que adquirimos por presión social, ¿tradición?)… Besos y Felices Fiestas.

Perdón. Puestos a cuestionarnos ciertas acciones… una de Lotería navideña.

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